SOBRE EL MERCADO DEL LIBRO DOMINICANO, A PROPÓSITO DE UN ARTÍCULO DE MARINO BERIGÜETE

 



Por


Aquiles Julián

 








“El tamaño de un escritor es su mercado. No porque el mercado mida el talento, sino porque permite que el talento circule.”

                                                                                   Marino Berigüete

 

 

Recientemente, el escritor y diplomático Marino Berigüete publicó un artículo dentro de su columna semanal en el periódico El Caribe sobre el mercado del libro dominicano.

En él comparte una serie de consideraciones que a todos: escritores, lectores, gestores culturales, educadores, funcionarios de los ministerios de Cultura, de Educación, autoridades y ciudadanos en general, conviene evaluar y ponderar.

Y sobre lo que necesitamos un impostergable intercambio de opinión.

Marino Berigüete


Empecemos por algo que merece explicitarse: el concepto de mercado, fundamental para entendernos.

Mercado, en el ámbito de este artículo,  siempre describe a los que compran y consumen un bien o servicio. El mercado del libro dominicano, entonces, está referido no a los escritores, no a las imprentas ni a las incipientes editoriales nacionales o a las pequeñas, medianas y grandes editoriales internacionales. Tampoco a las librerías. A los intermediarios, agentes o distribuidores de libros. Se refiere estrictamente a los que leen y compran libros, el público lector.

¿Escriben nuestros autores para su mercado natural: los dominicanos? Esa sería la primera pregunta.

¿Conocen a sus lectores meta? ¿Tienen un receptor definido para su obra? ¿Hay alguna relación entre el tema y su tratamiento que el autor maneja y las expectativas, deseos e intereses de nuestros lectores?

Y no puede darse por supuesta, por implícita, por obvia, la respuesta.

 


La diversidad del mercado lector nacional

 

El mercado lector, el mercado del libro en República Dominicana, se segmenta en distintos intereses y tendencias.

Tenemos un creciente, activo y dinámico mercado lector juvenil, que consume libros de fantasía, historias mágicas, literatura de evasión. Ese mercado llenó con alboroto propio de la edad el Auditorio Juan Bosch de la Biblioteca Nacional Pedro Henriquez Ureña, BNPHU,  en la pasada XXVII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2025, y tuvo largas filas de cientos de jóvenes para firmar ejemplares de sagas y prodigios.

Hay mercados para los libros de autoayuda, un renglón con fuerte demanda y en el que cada vez más incursionan autores nacionales de ambos sexos.

Hay un mercado para el libro infantil, con un importante premio anual de la Biblioteca Nacional y también en el concurso anual de literatura del Ministerio de Cultura.

Hay un mercado para el libro técnico, académico y profesional. Hay una amplia cantidad de libros de temas jurídicos o médicos, por ejemplo.

Hay un mercado para el libro sobre política y debate ideológico.

Y los de análisis económico.

Por igual, hay un abundante e inadvertido mercado del libro confesional con autores de las distintas confesiones. ¡Y hasta de esa religión atípica que es el ateísmo!

También tenemos un mercado para libros de historia y, de hecho, cada año se realiza una prestigiosa y concurrida Feria del Libro de Historia con ventas de libros, puestas en circulación, valiosísimas conferencias y coloquios, promovida desde el Archivo General de la Nación, AGN.

Están los libros de interés local: dedicados a una comunidad. Se ha ido creando una bibliografía dedicada a nuestros ritmos musicales y artistas.

Existen también una ya relevante cantidad de libros dedicados a nuestra plástica y sus autores.

Por igual, libros exquisitos dedicados a la fotografía, primorosos.

Y hablemos de los libros dedicados a provincias y regiones, que son soberbiamente editados y artículos de colección.

No abundan, por cierto, y son casi inexistentes, las memorias. Y aún menos las biografías y autobiografías, salvos algunas que son casi hagiografías. Tememos vernos. Es una tarea pendiente.

Están los libros sobre deportes y están sobre hobbies y gastronomía. Esta última tiene una abundante producción local y suelen venderse, incluídos los de postres y bizcochos, en que destaca mi prima Miriam de Gautreaux y su Magia del Azúcar.

Y están los libros de literatura: poesía, cuentos, novela, teatro, ensayo. La ficción literaria, los libros de imaginación.

A veces limitamos el libro y la lectura a esta última categoría. Y la mayor parte de los libros que se imprimen, venden y leen, no son libros de ficción. Pertenecen a las otras categorías.

Este es un elemento importante a tener en cuenta, porque el mercado lector tiene sus temas y preferencias. Es tarea de los autores conectar con ellos.

 


Un serio inconveniente a resolver

 

¿Qué dificulta el desarrollo de un mercado lector dominicano?

El primer gran problema es la degradación de las competencias lectoras, desde que se instauró la promoción automática de curso.

Eso se refleja en una pobreza en habilidades de lecto-escritura que se evidencia incluso en las universidades.

En las escuelas, colegios y universidades del país no tenemos estudiantes, sino oyentes, porque estudiar significa leer, investigar, contrastar, generar ideas propias a través del análisis y el discernimiento crítico, y aquí apenas se asiste a clases y, con los distractores tecnológicos y sociales de hoy, sin prestar mayor atención al profesor.

Tenemos miles de graduados universitarios que nunca leyeron un libro, ni siquiera de la propia carrera.

Y en las escuelas y colegios apenas se alfabetiza, como mucho. Ni profesores, y mucho menos estudiantes, se forman, aplican y dominan competencias lectoras eficientes. Si los profesores no leen, ¿cómo podrían propiciar, fomentar e inducir el hábito lector entre sus alumnos?

En la Web del Maestro, página valiosa sobre formación para docentes, aparece que el 60% de los profesores considera que su formación no es suficiente para desarrollar estrategias que mejoren el nivel actual de comprensión lectora de sus alumnos. Eso es en Argentina, Chile y Perú. ¿Qué tal acá?

De ahí nace un desinterés, cuando no subestimación, a la importancia de leer y formarse a través de la lectura. Y la vana creencia de que por simplemente estar alfabetizado “se sabe leer”, algo que se tipifica en el sesgo cognitivo denominado Efecto Dunning-Kruger mediante el cual las personas solemos sobreestimar nuestras capacidades, tan abundante en nuestro país.

Otro problema es que no existe en nuestro país la revalidación profesional periódica. Los grados tienen vigencia para toda la vida. Y si alguien se graduó sin leer un libro y no tiene que revalidar su título o exequátur,  ¿para qué va a leer? De ahí que en los hogares dominicanos abundan electrodomésticos y televisores LED, nunca bibliotecas, aunque sea de forma rudimentaria.

A partir de ahí se ven seriamente afectados los circuitos de circulación de libros: las librerías, porque estas dependen para subsistir de que exista una demanda de libros y un flujo de compras.

 


Una posibilidad a nuestro alcance

 

Tampoco ayuda que el Ministerio de Educación, no tenga una política robusta de fomentar una cultura de lectores”, escribe Marino. Gran verdad.  Una idea del narrador Héctor Santana, compañero de afanes en la DGLL desde la división de Talleres Literarios es algo que las asociaciones nacionales de escritores: la Unión de Escritores Dominicanos, UED, la Asociación de Escritores y Periodistas, ASEPED, y el Centro PEN Rep. Dominicana, podrían conjuntamente plantear a las instancias de dirección del país. Y pienso que mis amigos escritores, Avelino Stanley, presidente de la UED, quien es editor, y sus demás directivos,  e Isael Pérez, recién electo presidente de la ASEPED, por igual editor y librero, y demás directivos de dicha institución, pueden acoger.

Se podría proponer al Ministerio de Educación y a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, para hablar en términos institucionales, al igual que al Ministerio de Cultura,  que se establezca por escuela, liceo, colegio y centro de estudios (y se haga extensiva a las universidades públicas y privadas), tener cada cuatro meses un autor dominicano invitado refrendado y aprobado por esas organizaciones nacionales de escritores, cuyo libro se ponga como lectura obligatoria dentro de las asignaturas de lengua española y que se complemente con un encuentro (puede ser un taller, una charla, un coloquio), con el autor del libro, lo que acercaría a nuestros jóvenes, niños y adolescentes, a los escritores, fomentaría el hábito lector y crearía la base de un mercado lector con potencial de futuro.

Cada año eso asegura que los estudiantes lean dos libros de autores dominicanos y conozcan a quienes los escribieron y dialoguen con esa persona. Eso es un logro formidable.

Esta propuesta que recomendamos no es ni difícil ni inalcanzable. Es posible. Es conveniente. Es inteligente.

Nuestros niños, adolescentes y jóvenes se relacionarían con distintos autores, tendrían una experiencia inolvidable y significativa, se acercarían a nuestra literatura y fortalecerían su nivel de identidad cultural.

Ahí está la idea. Espero que Avelino Stanley e Isael Pérez las acojan, compartan con sus directivos y demos un ejemplo de unión y fraternidad, algo viable porque nos llevamos bien. Juntos podemos. Y sé que hay receptividad para ideas de ese tipo en las instancias de decisión.

 


Somos prácticamente un país sin suficientes librerías ni bibliotecas

 

No hay librerías en más del 98% (y cuidado) de las ciudades, poblaciones y provincias dominicanas. Solo el Distrito Nacional (una pequeña zona del mismo, por cierto) y Santiago (lo mismo), tienen librerías dignas de ese nombre.

Las librerías no pueden sobrevivir con los costos, impuestos y exigencias de la formalidad frente a un mercado débil y en ocasiones, casi nulo.

Y sin librerías, la circulación de los libros se dificulta.

En Santo Domingo, por ejemplo, sobreviven dos o tres librerías, no más. Y hay zonas populosas y ciudades del Gran Santo Domingo que no tienen librería. No tiene Santo Domingo Este. Tampoco Santo Domingo Norte. Y tampoco Santo Domingo Oeste.

No la tienen barrios populosos como el Espaillat, Villa Juana, Villas Agrícolas, Villa Francisca, San Carlos, los Kilómetros, Villa Consuelo.

Y si eso es en el DN y el Gran Santo Domingo, imaginen cómo puede un libro circular en el interior del país. Y no hay librerías porque nos falta un mercado lector y una masa crítica de lectores competentes.

Urge revisar, actualizar y mejorar sustancialmente la Ley 502-08 del Libro y Bibliotecas. Su promulgación fue un logro, pero ya está obsoleta y necesitamos una que realmente sea aplicable y viable.

Necesitamos de urgencia además que se lleven a los municipios a cumplir la Ley 176-07 de Municipios que obliga a las alcaldías a tener una Biblioteca Municipal. Y que esas bibliotecas sean reales, no meros tramos llenos de libros obsoletos para cumplir el requerimiento. Una biblioteca siempre es un espacio vivo. Debe fomentar la formación de clubes de lectura y talleres literarios. Es un lugar para actividades, coloquios, recitales, puestas en circulación, conferencias y talleres. Es el corazón intelectual e inteligente del municipio.

Siempre me asombra y me entusiasma ver, con este panorama que deprime, la actitud optimista y de fe de los que incursionan en el mercado de los libros, tanto autores que autoeditan sus libros como esos osados emprendedores que apuestan por la lectura y la cultura. Celebré públicamente la apertura de Casa Libro RD. Llamé a ir al nuevo local de La Trinitaria. Me entusiasmé con las nuevas sucursales de Liber Books RD y SQD Lee, dos emprendimientos que merecen apoyo total. Se me iluminó el corazón cuando vi a Luisa Valenzuela de Povedano, de MATECA, en la Primera Feria Regional del Libro y la Cultura de Santiago. O cuando fui a la III Feria del Libro de Yaguate y me encontré con la dinámica Yackeline Díaz.

Claro que mi corazón se regocija por la creciente cantidad de nuevas ferias del libro en colegios, barrios, ciudades y la activación de las Ferias y festivales regionales por parte del Ministerio de Cultura. Estamos viviendo un momento de creciente actividad literaria, artística y cultural, una dinamización que sorprende y entusiasma. Y que merece aplaudirse.

Desde la Dirección General del Libro y la Lectura, DGLL, hemos incorporado los Entrenamientos en Competencias Lectoras Eficientes al programa del Ministerio de Cultura, y no solo lo impartimos de manera abierta y gratuita, sino que también colaboramos y lo ofrecemos a distintas instituciones y entidades, porque tenemos que ir encarando el analfabetismo funcional prevaleciente y creando nuevos lectores competentes. Sin lectores no hay mercado. Y sin mercado no habrá librerías.

¿Es tan difícil de entender eso?

 


Un amplio mercado inexplotado

 

Hay un mercado natural para el libro dominicano allende nuestras fronteras. Se trata de la emigración dominicana (erróneamente tildada de diáspora, que no lo es). Tenemos unos tres millones mal contados de dominicanos y descendientes de dominicanos radicados fuera del país.

Muchos de los que emigraron, la gran mayoría, eran semianalfabetos, personas de escasa o nula calificación académica y de limitaciones serias a nivel educativo. Ellos, pero sus hijos no. Esos niños se educaron en los países de residencia, por lo regular, del primer mundo: Estados Unidos, España y otros países de Europa, y junto a la leche materna adquirieron las savias de la dominicanidad y anhelan lo que les da identidad y sentido de valor propio. Son un terreno fértil para nuestros escritores.

¿Cómo llegarles? Es evidentemente que el libro físico no es la respuesta, sino el libro digital o las facilidades del print-on-demand.

Para salir de la isla hay que digitalizarse, hay que publicar en Amazon y otras plataformas, hay que extender el alcance.

¿De cuál otra manera dominicanos residentes en distintos países de Europa, en Japón, en China, en Australia, en La India, en distintos países del África, emigrantes dominicanos que viven en Chile, Perú, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, México o en los distintos estados de los EE.UU. (tenemos dominicanos radicados en Alaska, aunque yo no sé cómo aguantan el frío), pueden obtener y leer libros dominicanos, sino es por las ventajas del libro digital y el print-on-demand?

Toca a cada autor, eso sí, promocionar y dar a conocer sus libros, los temas que aborda, visibilizarse, en término muy de este tiempo. Recursos y medios sobran. Y conectar con el interés lector y las inquietudes de un segmento de la población que se sienta motivada a conocer el punto de vista, el tratamiento y los aportes de ese escritor sobre ese tema.

Lo de autopromocionarse aquí ya empezamos a entenderlo. Algunos autores han ido creando sus páginas web, copiando a otros autores relevantes a nivel internacional (y copiar las buenas prácticas es un signo de inteligencia).

Nos toca.

El libro digital es, por demás, el futuro (aunque la obsesión por el soporte nos obnubile). No hay otra manera de que el libro se democratice.

Imaginemos los 1,470 millones de hindúes y los 1,410 millones de chinos quieran un libro en papel ¿habrá bosques que soporten esa demanda? El libro digital, además, nos permite llegar hasta el espacio exterior, así que dentro de unos años tendremos lectores en la Luna, Marte y demás planetas. Y solo porque habrá libros digitales que se pueden leer en una pantalla.

Es tiempo de digitalizarnos y explorar cómo vamos a alcanzar al gran mercado de más de tres millones de dominicanos radicados fuera de la isla, al tiempo en que actuamos para ir forjando el mercado lector y los circuitos de circulación de libros en República Dominicana.

Saludamos el artículo de Marino Berigüete porque plantea un tema que merece debate, intercambio de ideas, aportes y, sobre todo, acciones conjuntas para cambiar la deplorable situación que prevalece.

Comentarios

Entradas populares de este blog

UNA FRASE DE MARK TWAIN Y DOS EJECUCIONES DE SU IDEA

UNA FERIA SIN PRECEDENTES. ¿QUÉ HIZO DE LA PRIMERA FERIA REGIONAL DEL LIBRO Y LA CULTURA CIBAO 2026 UN EVENTO ÚNICO Y SINGULAR?