¿NOS MOVEMOS HACIA UNA SOCIEDAD CADA VEZ MÁS ANALFABETA?
Por Aquiles Julián
El número
de agosto de la revista norteamericana The Atlantic tiene como artículo
principal The End of Reading Is Here (El fin de la lectura ha llegado),
una documentada exposición del progresivo deterioro del nivel de alfabetización
en los Estados Unidos, firmado por Rose Horowitch.
El
artículo ha removido un avispero.
Los datos
son preocupantes: “Un estudio que analizo 236,000 respuestas a la Encuesta
sobre el Uso del Tiempo en Estados Unidos encontró que la proporción de
estadounidenses que leen por placer en un día cualquiera cayó del 28 por ciento
en el 2004 al 16 por ciento en el 2023”, revela Horowitch.
Las
competencias lectoras son básicas para poder desenvolverse con cierto nivel de
eficacia y ser empleable en el mundo cada vez más demandante del siglo XXI.
Leer no
es un lujo, no es opcional: la lectura construye un cerebro distinto y superior
al cerebro iletrado, de ahí la importancia de airear el tema.
Aquí
necesitamos sensibilizarnos ante nuestra propia realidad pues el analfabetismo
funcional abunda y nos arropa.
“Casi
el 30 por ciento de los adultos estadounidenses no pueden parafrasear ni
inferir el significado de un texto de varias páginas. En el 2017, esa cifra era
inferior al 20 por ciento”, destaca Horowitch.
Nicole
Russell del USA Today escribe el 13 de julio del 2026 que “menos de
la mitad de los adultos estadounidenses leyenron un libro en el 2021. En 2023,
el número de estadounidenses que leen por placer ha disminuido en más de un 40%
en las últimas dos décadas. En 2024, solo el 35% de los estudiantes de último
año de secundaria eran “competentes” para analizar temas complejos de ficción”.
Y aquí,
en República Dominicana, ¿cuál sería la proporción?
El estudio de la Fundación Barbara Bush
La Fundación
Barbara Bush, de la exprimera dama del Estados Unidos durante el gobierno
de su esposo George W. Bush, que opera junto con el Fondo Barbara Bush para
la Alfabetización Familiar pagó un estudio a Gallup en el 2020 sobre el
nivel de alfabetización de adultos y ese estudio estableció partió de un dato admitido
por el Departamento de Educación de los Estados Unidos, que declara que el 54%
de los adultos entre 16 y 74 años (aproximadamente 130 millones de personas),
tienen un nivel de lectura inferior al equivalente al de sexto grado.
Ese grado
de iletralidad tiene consecuencias en la economía, las posibilidades de
desarrollo, el futuro y la vida cotidiana, todas negativas.
En los
Estados Unidos, porque no hay estudios equivalentes aquí, se estima que “ayudar
a los adultos a alcanzar un nivel de lectura equivalente al de sexto grado
podría generar 2,2 billones de dólares adicionales, o el 10% del PBI,
anualmente”. Es decir, los Estados Unidos están perdiendo cada año 2,2
billones de dólares por no elevar al 54% de su población adulta a un nivel
mínimo de competencia lectora correspondiente a un sexto grado de escolaridad.
La
incompetencia lectora es un indicador no solo de mediocridad, sino también un
factor crítico en la pobreza. Y la misma Fundación declara: “el nivel de
alfabetización de los padres es el factor que mejor predice el futuro de un
niño, superando a otros factores como el vecindario y los ingresos familiares”.
El
estudio de la Gallup se dio a conocer en el 2020 y en este 2026 vemos que se
sigue un derrotero de pérdida de habilidades lectoras básicas. Y se hace poco o
nada por corregir el rumbo.
Derek
Thompson, en una entrevista a Rose Horowitch sobre su artículo en The
Atlantic comenta un ejercicio que se realizó con estudiantes de
universidades regionales de Kansas. Eran estudiantes de literatura inglesa y de
educación en inglés. Les pidieron que leyeran los primeros siete párrafos de la
novela Bleak House (Casa desolada), de Charles Dickens. Los estudiantes
no tenían ni idea de lo que esas frases significaban y tuvieron serias
dificultades para diferenciar entre el lenguaje literal y el figurado. ¡Y eran
estudiantes de literatura inglesa y de educación en inglés!
Un libro de
Jonathan Kozol, experto en educación, Illiterate América, en 1985 ya
señalaba que “el 44% de los adultos blancos, el 56% de los negros y el 44%
de los hispanos son analfabetos funcionales o marginales.”
El
problema viene de lejos.
Y lo
curioso es que, aunque es evidente que tiene un impacto negativo y altamente
perjudicial en la economía, la sociedad y el futuro, por lo menos en los
Estados Unidos no se actúa para enmendarlo. Y si eso es allá…
¿Cuál es la situación en América Latina?
Un
informe del Banco Mundial y UNICEF en colaboración con la UNESCO del 2022
alerta de 4 de cada cinco niños y niñas (es decir, un 80% de los niños de la
región), no podrán comprender un texto simple. Y en esas estadísticas estamos
incluidos.
Carlos
Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y
el Caribe, declaró: “El hecho de que una gran mayoría de los alumnos de
sexto grado tal vez no logre comprender lo que leen pone un signo de
interrogación sobre el bienestar futuro de millones de niños que aún no
desarrollaron competencias fundamentales críticas, algo que eleva el riesgo de
profundizar aún más las desigualdades de larga data en la región”.
En la
revista digital Infobae de Argentina se expresa que “los bajos
índices de comprensión lectora podrían ser la raíz del problema educativo en Latinoamérica”.
Es lógico. La comprensión y las competencias lectoras son transversales a
cualquier otra formación.
El
informe “El estado de la educación en América Latina y el Caribe 2024: la
medición de los aprendizajes”, publicado por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), puso en relieve que “un 55 % de los estudiantes de América
Latina y el Caribe no alcanza niveles básicos de comprensión lectora y un 75 %
no logra competencias mínimas en matemáticas. Entre los estudiantes más pobres,
el 88 % presenta resultados insuficientes en matemáticas.”
Estamos
feos pa´la foto.
En
República Dominicana la organización World Vision realizó el estudio: “Habilidades
de lectura de los estudiantes de tercer grado”, en el 2022 y allí se reveló
que “solo el 28.57 % de los estudiantes lee y comprende un texto simple”.
En
América Latina el 79 % de los estudiantes tienen un bajo nivel de competencia
en lectura, matemáticas y ciencia, de acuerdo con los resultados de la prueba
PISA 2018 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE). Gabriela Ramos, directora de la OCDE, dijo al presentar ese informe de
la prueba PISA que “nueve países latinoamericanos incluidos en el estudio
tienen alrededor de la mitad de sus estudiantes en los niveles más bajos de
rendimiento, mientras que en República Dominicana prácticamente todos los
alumnos están en esos niveles.” Que digan que en República Dominicana
prácticamente todos los alumnos están en los niveles más bajos de rendimiento,
duele, créanme que duele.
Avelino
Stanley, narrador y actual presidente de la Unión de Escritores Dominicanos,
UED, en su libro Importancia de la lectura para los estudiantes, 2022
Cocolo Editorial, informa que “En la República Dominicana, en ese año 2014,
se determinó que, de cada 100 estudiantes que entraron al sistema educativo,
apenas 15 ingresaron a la universidad. Un verdadero escándalo: el 85%, que es
una gran mayoría, no intentó buscar un título universitario”. ¿Cuántos de
ese 85% lo hicieron porque la escuela no les desarrolló las competencias
lectoras necesarias y no entendían lo que leían ni podían ejecutar operaciones
mentales complejas, que se desarrollan con la competencia lectora? Me aventuro
a decir que la gran mayoría. El cerebro rehúsa operar en actividades a las que
no encuentra sentido.
No se
trata de maquillar la realidad, sino de encararla con valor, determinación y
una estrategia de fomentar competencias lectoras eficientes que funcione. Y hay
que asumir esa responsabilidad.
Leer construye un cerebro superior
La
lectura no es cualquier hábito del que podemos prescindir. La lectura nos
cambia el cerebro. Nos amplía el repertorio verbal. Tiene un impacto directo en
la inteligencia. Nos permite hacer distinciones. Nos amplía nuestras
expectativas. Construye empatía. Nos permite entender a otros. Eleva nuestras
miras.
Hay
cambios físicos a nivel cortical y subcortical, tanto en la corteza prefrontal
como en las áreas de Broca y Wernicke, las áreas del lenguaje. Aumentan las
conexiones de materia blanca, activamos áreas cerebrales y al imaginar y
recrear lo que leemos, experimentamos una mayor comprensión, entendimiento y logramos
que la información se transmita a distintas regiones del cerebro. Ese impacto
llega incluso a generar nuevas neuronas.
Al
desarrollar competencia lectora (que va más allá de la simple alfabetización),
activamos cuatro regiones cerebrales: la corteza visual, que nos permite
percibir las letras y palabras; la corteza fonológica, que relaciona las letras
y palabras con los sonidos; la corteza semántica, que almacena el significado
de las palabras; y la corteza sintáctica, que nos permite entender las reglas y
estructuras de las oraciones, todo simultáneamente.
Mientras
leemos, como bien explica el neurocientífico cognitivo Stanislas Dahaene en su
libro Reading in the brain, se
activan la región parietotemporal , que segmenta la palabra escrita en sus
sonidos (análisis de palabras, pronunciación de palabras); la región
occipitotemporal , que almacena la
apariencia y el significado de las palabras (se produce el reconocimiento de
letras y palabras, la automaticidad y comprensión del lenguaje ); y la región
frontal , en que producimos el habla (procesando los sonidos del habla mientras
escuchamos y hablamos).
La
lectura, por igual, es un factor de protección frente al deterioro cognitivo. Y
téngase en cuenta de que la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha
señalado que cada tres segundos una persona en el mundo desarrolla algún tipo
de demencia. Leer es una terapia no farmacológica de utilidad comprobada.
"La
lectura, al implicar imaginación, mentalización, anticipación y aprendizaje,
funciona como un 'ejercicio' para el cerebro humano. Aunque no sea un músculo,
nuestro cerebro necesita ser estimulado", afirma Augusto Buchweitz,
investigador del Instituto do Cerebro (InsCer).
El
artículo Reading activity prevents long-term decline in cognitive function
in the elderly: evidence from a longitudinal study (La lectura previene el
deterioro a largo plazo de la función cognitiva en las personas mayores: datos
de un estudio longitudinal, en español) que se publicó en el 2020 en la revista
internacional Psychogeriatrics, de la Universidad de Cambridge (Reino
Unido), concluye, según un estudio de más de 1,900 personas de 60 años o más,
durante 14 años, que la lectura protege
la función cognitiva del cerebro durante la vejez. Y ya sabemos que el cerebro
es capaz de generar nuevas neuronas incluso más allá de los 90 años.
Cada vez
más, dependeremos de las competencias y potencialidades de nuestro cerebro para
desarrollar respuestas adaptativas funcionales a los desafíos de la sociedad de
la Cuarta y Quinta Revolución Industrial en que estamos inmersos.
Y esas
competencias y potencialidades pasan por poseer destrezas lectoras eficientes.
La
degradación que comentamos no es exclusiva de los Estados Unidos. Cada país
tiene el grito al cielo por el progresivo analfabetismo de sus estudiantes y
profesionales.
Eso debe
preocuparnos. Debe sacudirnos. Debe hacernos reaccionar.
Al alfabetizarnos no nos convertimos en lectores, sino en
analfabetos funcionales
La
alfabetización es un primer paso, una precondición para crearnos como lectores,
es decir, personas capaces de apropiarnos y enriquecernos con el patrimonio
intelectual de la humanidad, adueñarnos de lo aprendido, entendido, pensado,
imaginado y acopiado por las mentes más brillantes durante milenios, pero es un
paso insuficiente en la construcción de competencias lectoras eficientes.
Si solo
nos alfabetizan nos convierten en analfabetos funcionales. A partir de la
alfabetización, el siguiente paso es formar en el estudiante competencias
lectoras eficientes. Y exactamente ahí es que se falla (aunque también hay
serias deficiencias en alfabetizar que se han agravado con la “promoción
automática” de los no alfabetizados).
Es
importante que, tras la alfabetización, se pase a programas de postalfabetización
para crear competencias lectoras eficientes en los estudiantes, un programa que
debe acompañar a todos los niveles de estudios: primarios, secundarios,
universitarios y postuniversitarios. Las competencias lectoras son
transversales a todas las carreras y disciplinas, porque no existe ningún otro
medio de transmisión de información y de estimulación cognitiva más eficiente
hasta ahora.
Es
urgente que transformemos el analfabetismo funcional en competencia lectora
eficiente, en cada estudiante, cada profesional y cada ciudadano.
Hemos
iniciado modestamente, pero con pasión y entusiasmo, la difusión de los
programas en competencias lectoras eficientes desde la Dirección General del
Libro y la Lectura, DGLL, del Ministerio de Cultura. Y en su implementación,
hemos ido colaborando con distintas instituciones, desde el Ayuntamiento de
Santo Domingo Este al Ayuntamiento de Los Alcarrizos, desde clubes de lectura
como Entre Amigas y Tejedoras a Children International.
Estamos
trabajando para la ampliación de estos talleres y entrenamientos con el
Ministerio de la Juventud y con la Dirección de Cultura y Cultos del Ministerio
de Educación.
La
humanidad tiene su mayor recurso, su más valioso activo, en los cerebros
humanos. Hemos sido inconscientes frente a eso. Todo lo que hemos logrado y
avanzado se debe a ellos: las mentes de las personas. Y lo que nos ha retrasado
y perjudicado también se origina en las mentes de las personas. Son nuestro principal
activo y nuestro peor pasivo.
Lo interesante
es que está en nuestras manos mover esos cerebros, esas mentes, hacia
convertirse en activos en vez de pasivos. Y todo pasa por la lectura y por el
desarrollo de competencias lectoras y competencias de pensamiento eficientes.
Al final,
todas las personas tomamos decisiones cada día. Y esas decisiones nos afectan y,
por igual, afectan a nuestro entorno. Y desde nuestro entorno, afectan a la
sociedad y a la humanidad. La incompetencia lectora y su derivado, la
incompetencia en pensar con eficiencia, son suicidas porque sus efectos
deletéreos nos perjudicarán a todos. Y podrían incluso conducir a nuestra
extinción como especie.
Seguiremos
sobre este tema fundamental.



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