EL SICARIO ESCRITOR QUE LA CIA EMPLEÓ PARA ASEGURAR LA LEALTAD DE NAVAJITA

 


Trujillo con su jefe de inteligencia, el general Arturo Espaillat, Navajita, a su espalda.




Por Aquiles Julián

 

 

 



En operaciones encubiertas, espionaje y en la guerra, el activo más escaso, difícil de sustituir y de alto valor es un operativo de campo. Es un tipo de individuo que aceptó vivir en la sombra, arriesgando la vida en misiones y tareas audaces, sin reconocimiento, sin notoriedad, capaz de traicionar a todos y en todo, salvo su lealtad primaria e incondicional al aparato que lo controla.

Este tipo de activo sabe que: 1. Los gobiernos negarán su existencia o vinculación; 2. No intervendrán para salvarlos o protegerlos, si son descubiertos; 3. Pueden ser sacrificados a conveniencia; 4.  Los países, organizaciones y personas que son sus víctimas pueden asesinarlos, torturarlos o victimizarlos con total impunidad; 5. Pueden ser empleados como recurso de intercambio (menos probable, porque es admitir el vínculo de espionaje); 6. Están destinados a no tener vida normal, familia o vínculos fuera de las organizaciones a las que sirven; 7. Vivirán y morirán sin reconocimiento alguno a sus servicios.

Este tipo de operativo sabe, por otro lado, que cualquier sombra o sospecha de su lealtad incondicional a su organización se paga con la vida, por si las dudas. Es dueño de información sensible. Puede infiltrarse, fingir lealtad, hacer operaciones de falsa bandera y otros trucos del oficio, pero no puede existir la menor sospecha de que cambió de bando. Es un mundo donde la traición, el que cambia de chaqueta o la doble condición se castiga caro.

El mayor general Arturo Espaillat, alias Navajita, quien fuera jefe del SIM (Servicio de Inteligencia Militar), en los años 50, siendo coronel fue reclutado por vía de John Joseph Frank, operativo de la CIA a cargo del secuestro de Jesús de Galíndez, para La Compañía. Eso ocurrió durante el viaje de Trujillo a España y a El Vaticano en 1954. Frank y Espaillat compartieron camarote en el trasatlántico francés Antilles en el que Trujillo viajó a España tanto de ida como de vuelta al país.

Es más que seguro que, por recomendación de Frank, Espaillat contratara a otro operativo de campo de la CIA, Robert Emmett Johnson. Y es en este sicario de la CIA que llegó al país, ¡asómbrense!, en 1956, año en que secuestran y desaparecen a Jesús de Galíndez en New York, lo trasladan a Rep. Dominicana y se lo entregan, drogado, a Trujillo en Montecristi, en quien nos vamos a centrar.

 


Robert Emmett Johnson

EL SICARIO ESCRITOR

 

Robert Emmett Johnson no era, como podría deducirse del término sicario, un matón cualquiera. Era un valiosísimo operativo de campo. Además, tenía una pasión: escribir.

Johnson nació el 20 febrero 1927 en Portland, Oregon, Estados Unidos. A comienzo de los años 40 se unió a la marina mercante norteamericana. En 1948 sirvió en el Sexto Regimiento de Infantería de Marina, en Tsingtao, China. Era, pues, un marine.

En febrero de 1950 se inscribe en la Universidad de Miami. En el verano de ese año, cuando China y Corea del Norte lanzan su ofensiva hacia el sur y estalla la guerra de Corea, Johnson interrumpe sus estudios y se alista de nuevo. Fue oficial de prensa del Cuerpo de Marines de EE.UU., a bordo del portaaviones USS Franklin D. Roosevelt. Además, participa en patrullaje costero de forma ocasional.

Desmovilizado de nuevo, Johnson retorna a la Universidad de Miami, graduándose el 7 de junio de 1954 con un bachelor´s degree en español, el equivalente en nuestra nomenclatura académica a una licenciatura.

El 18 de diciembre de 1954 se casa con Noemí Arce, una ecuatoriana compañera de estudios de la universidad. Tienen un hijo, pero al poco tiempo se divorcian. Entonces empieza a trabajar como operativo de campo en Latinoamérica para la CIA.

La Compañía lo coloca dentro del personal de inteligencia del dictador Anastasio Somoza García, “Tacho”. Desde Nicaragua, Johnson proporciona datos de inteligencia sobre la situación de Guatemala que facilita la planificación y ejecución por la CIA del derrocamiento del gobierno nacionalista del coronel Jacobo Arbenz para favorecer los intereses de la United Fruit Company, la “Mamita Yunai” de las novelas Miguel Ángel Asturias. Ese golpe artero a la democracia guatemalteca fue autorizado por Ike Einsenhower a instigación de John Foster y Allen Dulles, secretario de Estado el primero y director de la CIA, el segundo, y ambos, abogados desde el bufete Sullivan & Cromwell de la United Fruit.

Demás está decir las sangrientas consecuencias que se derivaron de esa aventura cruenta. Guatemala y luego toda Centroamérica fueron sacudidas por la violencia política. Y esta es la fecha en que todavía Guatemala no se estabiliza.

Cumplido su papel en Nicaragua, y muy probablemente por “recomendación” de John Joseph Frank al entonces general Arturo Espaillat, alias La Gillette o Navajita, jefe del temido Servicio de Inteligencia Militar, SIM, para la época, contrata a Robert Emmett Johnson como analista de inteligencia para su institución. ¿Y en qué año? Oh, en 1956, precisamente el año en el que el 12 de marzo secuestran de su apartamento (no de “las calles de New York”, no desde el metro, sino sacado con artificios de su apartamento en  229 West 97th Street, en el Upper West Side de Manhattan, Nueva York), al delegado en Estados Unidos del Partido Nacionalista Vasco en el exilio, docente en la Universidad de Columbia (misma donde había sido presidente, de 1948 a 1953, quien autorizó su secuestro: Dwigh Einsehower, posición a la que renunció solo después de juramentarse como presidente de EE.UU.), escritor y calié (informante o soplón) del FBI, Jesús de Galíndez Suárez.

Sé que, a algunos, a los que les gusta el maniqueísmo: los buenos vs. los malos, les irrita que revelemos la faceta oscura de Galíndez: era un calié, pero no era un calié de gratis, cobraba por ello. Y su caliesaje incluía caliesar para el FBI a los opositores a Trujillo, al exilio antitrujillista, mientras fingía ser amigo y partidario. También, justo es decirlo, lo hacía respondiendo a una línea de su partido, el Partido Nacionalista Vasco, PNV, que todavía mantenía la esperanza de reconquistar el aprecio de la CIA y el Departamento de Estado en su vana esperanza de que les ayudaran a salir de Franco. Para el PNV y para Galíndez todo se valía por ese propósito: la conocida política de El Bien Mayor.

 


General Arturo Espaillat, Navajita

¿POR QUÉ LA CIA MANTUVO A SU OPERATIVO DE CAMPO ROBERT EMMETT JOHNSON EN REPÚBLICA DOMINICANA, MUERTO GALÍNDEZ?

 

Este es un elemento importante. La CIA aplicó (y desde República Dominicana, se replicó en colaboración), un programa de desinformación para presentar a Galíndez como un corrupto que se había marchado con más de medio millón de dólares de fondos del PNV destinado a subsidiar la resistencia vasca, a los países tras la Cortina de Hierro.

Hubo alguien a quien esa suposición le evidenciaba que la CIA había ejecutado del secuestro de Galíndez: J. Edgar Hoover, el director del FBI. Hoover sabía que Galíndez era un anticomunista. Y además, le enervaba darse cuenta de que Allen Dulles había violado la Ley de Seguridad Nacional de 1947 que dio origen a la CIA, y que limitada su campo de operaciones a los demás países, prohibiéndole operar dentro de los Estados Unidos, competencia exclusiva del FBI.

Tanto desde Estados Unidos como en República Dominicana, inducidos por el General Arturo Espaillat, se orquestó una campaña de “avistamiento”  de Galíndez en ciudades del llamado “campo socialista”, mientras plumíferos de toda laya escribían sobre las veleidades comunistas de Galíndez y afirmaban y corroboraban las versiones de su desfalco y fuga.

Johnson contribuyó a esa campaña escribiendo artículos bajo distintos alias en revistas norteamericanas.

Cuando la polvareda de la desaparición fue atenuando entonces ocurrió lo inesperado: el piloto Gerald Murphy, quien fue primero contactado por Horace W. Schmahl, quien lo introdujo con John Joseph Frank y el cual, por recomendación de Frank, fue contratado por el general Arturo Espaillat, Navajita, jefe del SIM, se da cuenta de que el “paciente de cáncer terminal” que trasladó desde el aeropuerto Zadhn en Amishville, Long Island, a Montecristi, República Dominicana, era nada más y nada menos que ese abogado vasco que habían secuestrado en Nueva York, Jesús de Galíndez.

Murphy, quien se reunía con Frank cuando este visitaba al país y al que tenía por amigo (después de todo, fue Frank quien lo recomendó a Espaillat y le permitió lograr el empleo de su vida, lo que más deseaba, pilotear aviones comerciales, al trabajar para Dominicana de Aviación), cometió el error de su vida: llamó a Frank a New York y le contó sus sospechas, informándole que tenía algunos documentos y, lo peor, que había hecho una grabación durante el viaje y que la tenía en su poder, informándole a Frank su decisión de renunciar al empleo en la CDA y retornar a vivir a Estados Unidos.

Frank se mostró interesado en el tema y prometió ayudarlo en ese propósito, calmándolo, y pidiéndole entregarle esa cinta y los materiales para preservarlos y evitar que les fueran incautados. Simultáneamente, Frank se comunicó con Espaillat para decirle que había que silenciar a Murphy con urgencia.

El crimen de Galíndez seguía chorreando sangre a borbotones.

La desaparición de Murphy se convirtió en un escándalo, pues la novia de Murphy, azafata de Pan American, y los padres de Murphy, residentes en Oregon, demandaron del entonces senador de su Estado (que, por cierto, es el estado de nacimiento de Robert Emmett Johnson, el sicario ilustrado), demandar el esclarecimiento de la suerte corrida por su hijo.

Ya sabemos que, tras el propósito de encubrir esa “desaparición”, Félix W. Bernardino, alias Buchilai, sicario del tirano, convenció a Trujillo de inculpar y suicidar a Octavio de la Maza, Tavito, causa principal del tiro de gracia que le propinó a Trujillo Antonio de la Maza cinco años después, el 30 de mayo de 1961, vengando la muerte de su hermano (y que es el tiro mejor dado que dominicano alguno haya propinado).

Esas complicaciones hicieron a la CIA mantener en el país a su operativo de campo Robert Emmett Johnson, quien incluso escribió artículos defendiendo a Trujillo en la prensa norteamericana.

Y había que vigilar de cerca y tener bajo control al colaborador que había sido parte del entramado criminal: el general Arturo Espaillat. Johnson era, a la vez, su custodio y el encargado de callarlo en caso de necesidad.

 


Portada de Trujillo: The last Ceasar, el libro que Johson escribió y Navajita firmó

EL GHOST WRITER DE NAVAJITA

 

Bajo la brillante luz de ese gardeo de cerca a Navajita, entendemos que no fue casualidad la presencia de Arturo Espaillat, ahora mayor general, en el restaurant El Pony de la Ciudad Ganadera, el 30 de mayo de 1961, como tampoco lo fue la presencia de otro colaborador de la CIA, Lorenzo Berry, Wimpy, en el mismo lugar y con el mismo propósito: verificar si el atentado a Trujillo se realizaba. La CIA empleó un recurso de doble verificación, sobre todo porque sabía de las simpatías de Wimpy con los dominicanos y su propósito de eliminar a Trujillo.

Aquí añado un dato nuevo: hace unos días el ex juez de la Junta Central Electoral, el doctor Juan Ramón Morel Cerda, me informó que, horas después de muerto Trujillo, todavía tibio su cadáver, y antes de que Ramfis Trujillo retornara al país desde Paris, Francia, “agentes de la CIA” se apersonaron al Palacio Nacional, penetraron en sus archivos y se llevaron todos los documentos relativos al secuestro de Jesús de Galíndez, hecho que se le fue compartido una persona de su confianza.

El dato que yo tenía, obtenido del magnífico libro de Juan de Dios Unanue, El Caso Galíndez, Los vascos en el servicio de inteligencia de los Estados Unidos, era que el expediente de Galíndez fue mandado a quemar por el entonces presidente Joaquín Balaguer, en 1961.

No puedo afirmar ni desmentir la versión del Dr. Morel Cerda. Ahora bien, de ser así, que la CIA envió agentes al Palacio Nacional para limpiar los archivos de todo lo relativo al secuestro de Galíndez todavía Trujillo tibio, y mientras se aplicaba una cacería a muerte de los implicados en la conjura libertaria, Ramfis aún fuera del país ¿Quién tenía en RD la autoridad para permitir ese acceso? No Balaguer, por supuesto. Todos sabían, empezando por el propio Balaguer, que él era un presidente títere, sin poder ni autoridad alguna. Tampoco, es lógico, Negro o Petán Trujillo, los hermanos del tirano ajusticiado. Eso sí podría haber facilitado por el temible mayor general Arturo Espaillat (y ejecutado por Robert Emmett Johnson, quien fungía como analista de inteligencia del SIM y, por ende, parte del aparato de seguridad del Estado y nada sospechoso). Esto último, claro, es una especulación para darle a esa información del Dr. Morel Cerda una posibilidad de ser veraz.

Y añadiría una razón adicional a la reacción de Ramfis contra Navajita que llevó a torturarlo. Ramfis, que no pudo quebrarlo, terminó por embarcarlo en un avión con destino a Ottawa, Canadá ¿Y quién se marcha junto a Espaillat? ¡Oh, nuestro sicario escritor: Robert Emmett Johnson!

Mientras residen en Ottawa, la CIA encubre a Johnson bajo una de sus organizaciones de fachada: el Servicio Internacional de Información. Es decir, la CIA muestra con esa acción que Johnson era un operativo de campo y que actuaba bajo su dirección. De ahí la cobertura.

En Ottawa, Johnson escribe Trujillo: The last Cesar, supuestas memorias de Arturo Espaillat. Su redacción, la información detallada de la historia centroamericana (recuerden que Johnson vivió en Nicaragua desde donde brindó apoyo para el golpe a Arbenz, en Guatemala) y el hecho de que, al hablar de Galíndez, se limite a transcribir dos artículos de periodistas norteamericanos, entre ellos uno de Drew Pearson, muestra que el libro solo tiene de Navajita la firma.

 


Portada de Manual of Mercenary Soldier, escrito por Johnson con el seudónimo de Paul Balor, todavía disponible en Amazon


SIGA EL RASTRO DE LA SANGRE

 

Alrededor de 1964 las autoridades canadienses expulsan del país como indeseables al ex mayor general Arturo Espaillat, quien viaja a Portugal, y a Robert Emmett Johnson, quien esta vez viaja a La Florida.

A Espaillat, la CIA le arregló un conveniente accidente en Lisboa, Portugal. En un hilo en internet sobre el personaje de marras, donde se comparte información sobre las operaciones encubiertas y la delincuencia política, uno de los participantes, Ron Eckert, hablando de Gerry Hemming, un aventurero que trabajó para la CIA adiestrando cubanos anticastristas en La Florida y fundador de Interpen, escribe: “En 1975, Hemming le contó a Dick Russell que, algún tiempo después de la muerte de Espaillat en Lisboa, unos años antes, Johnson empezó a trabajar para una operación privada de la CIA en Baltimore llamada Servicios Internacionales de Información.” https://educationforum.ipbhost.com/topic/3676-robert-emmett-johnson/

Es decir, se consideraba que Espaillat había fallecido en Lisboa por el accidente. No fue así, sobrevivió, aunque con serias secuelas, hasta que hizo la única acción decente que se le conoce: se pegó un tiro. En 1969, es probable que la CIA también le arreglara un oportuno accidente a Ramfis Trujillo, quien actuaba para unir a militares activo, exmilitares constitucionalistas y grupos de izquierda para dar un “golpe de Estado revolucionario”, algo que los Estados Unidos, que se habían visto obligados a intervenir en Rep. Dominicana en 1965 no estarían dispuestos a permitir que ocurriera.

Gerry Hemming afirma que Robert Emmett Johnson es el ubicuo “Raúl” vinculado al asesinato en 1967 de Martin Luther King.

En los ´70 se dice que Johnson trabajo para los servicios de inteligencia británicos en la persecución y asesinato de miembros del Ejército Republicano Irlandés, IRA. Por igual, se vincula a Johnson con el asesinato del arzobispo salvadoreño Oscar Romero el 24 de marzo de 1980, crimen ordenado por el mayor Roberto D´Aubuisson, fundador de la Alianza Republicana Nacionalista, ARENA.

Con seudónimos: Robert Jones, Robert Roman y otros, escribió artículos para revistas como Soldier of Fortune y True Magazine. También empleó el seudónimo de Paul Balor, con el que publicó el libro Manual of the mercenary soldier (Manual del soldado mercenario), libro disponible en Amazon.

Robert Emmett Johnson falleció de cáncer de garganta en 1992.

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