HABLEMOS SOBRE MICRORRELATOS Y UNOS EJEMPLOS MAGISTRALES DE ELLOS
Este material lo reproducimos de
la página Actualidad Literaria (https://www.actualidadliteratura.com/)
que puede ser útil para referencia, sobre todo para jóvenes escritores que
quieren incursionar en el microrrelato.
¿Buscas ejemplos de
microrrelatos? Los tiempos de Internet han permitido que la literatura breve o
micro haya adquirido una mayor importancia entre esos lectores acelerados para
quienes retener un argumento de una sola línea no sólo supone un estímulo
curioso, sino también la oportunidad de crear su propia versión de esa historia
oculta «entre líneas» o, en este caso, palabras.
Así es el microrrelato, un género
narrativo quizás algo infravalorado por las masas que abarca una larga historia
cimentada por autores como Cortázar o Augusto Monterroso, éste último piedra
angular del género gracias a su micro El dinosaurio, uno de los considerados
como mejores microrrelatos de la historia.
Pero antes, de verlos, todos los
seleccionados, vamos a contestar a una serie de preguntas típicas y frecuentes
cuando a los microrrelatos nos referimos. Si te interesa el tema, no dudes en
seguir leyendo.
¿Qué es un
microrrelato? Características comunes
La RAE define la palabra microrrelato
de la siguiente manera:
Microrrelato: De micro- y relato.
1. m. Relato muy breve.
¡Y tan breve que es! Es la
principal característica de este género narrativo, que sólo contiene unas
cuantas líneas en el que el autor tiene que expresar todo aquello cuanto desea
y dejar al lector emocionado, pensativo o simplemente con la sensación de haber
leído algo bueno a la par que breve. Para esto hay un dicho popular que viene a
expresar lo mismo: “Lo bueno, si breve, dos veces buenos”
Y aunque como decíamos
anteriormente, es un género bastante infravalorado, la realidad es bien
distinta. Es muy difícil escribir y “decir” al mismo tiempo en pocas líneas.
Mientras que con la novela o los relatos disponemos de páginas y páginas para
ir caracterizando a un personaje o a varios, para ir creando ambiente, para ir
desarrollando la historia en sí, en el microrrelato tenemos que decir en pocas
líneas, y conseguir lo más difícil de todo: que transmita algo a quien nos lee.
Parece tarea fácil, pero yo misma
os digo que para nada lo es. Se necesita de mucha técnica y de mucho tiempo de
dedicación para hacer un buen microrrelato como todos los que veremos a
continuación. Pero antes, os diremos cómo hacer un microrrelato, en qué
fijarnos, que palabras o expresiones obviar y cómo podemos empezar con uno.
¿Cómo hacer un
microrrelato?
Por regla general, un
microrrelato tendrá entre 5 y 250 palabras, aunque siempre podremos encontrar
excepciones, pero no varían mucho.
Para escribir un microrrelato nos
tenemos que olvidar de hacer una parrafada para explicar algo concreto, por lo
que eliminaremos obviamente lo que sería todo el desarrollo por ejemplo de una
novela. Iríamos al punto clave o clímax de nuestra narración, en el que se
produciría un giro inesperado que sorprenda al lector. De esta manera, nos
tendremos que olvidar por supuesto de describir en exceso. Esta manera de
escribir nos ayudará a buscar la palabra adecuada, en este caso los adjetivos
descriptivos idóneos, para decir mucho con poco.
Al tener las palabras super
contadas, lo que sí intentaremos es dar mucha importancia a la elección del
título. No puede ser un título cualquiera, sino que intentaremos que esas
palabras del título ayuden a completar nuestro microrrelato y a darle más sentido
aún si cabe.
Y por supuesto, si en el
microrrelato lo que menos hay son palabras, intentaremos también jugar con los
silencios y los signos de puntuación. Por ejemplo, unos puntos suspensivos en
según qué parte del texto los coloquemos pueden decir bastante más que una
frase completa.
Como decíamos anteriormente,
hacer un buen microrrelato es cuestión de ir adquiriendo la técnica a medida
que se hacen una y otra vez. Por ello, y porque el vocabulario de los más
pequeños aún no está desarrollado del todo, es habitual ver en libros de
primaria pedir a los niños que hagan una poesía breve o microrrelato acerca de
algo. Con esta técnica intentamos que los más pequeños describan algo (un
objeto, un suceso, etc.), con las pocas palabras que aún conocen sin necesidad
de decir mucho.
16 microrrelatos
para amantes de la literatura breve
El dinosaurio, de Augusto
Monterroso
Cuando despertó, el dinosaurio
todavía estaba allí.
Calidad y Cantidad , de Alejandro
Jodorowsky
No se enamoró de ella, sino de su
sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga
Un sueño, de Jorge Luis Borges
En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
Amor 77, de Julio Cortázar
Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
La carta, de Luis Mateo Díez
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.
Toque de queda, de Omar Lara
—Quédate, le dije.
Y la toqué.
Cubo y pala, de Carmela Greciet
Con los soles de finales de marzo mamá se animó a bajar de los altillos las maletas con ropa de verano. Sacó camisetas, gorras, shorts, sandalias…, y aferrado a su cubo y su pala, también sacó a mi hermano pequeño, Jaime, que se nos había olvidado.
Llovió todo abril y todo mayo.
Fantasma, de Patricia Esteban
Erlés
El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.
La dicha de vivir, de Leopoldo
Lugones
Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro.
–Yo soy el resucitado de Naim –dijo el hombre–. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan solo. Ahora nada de eso puedo; mi vida es un páramo. ¿A qué debo atribuirlo?
–Es que cuando el Maestro resucita a alguno, asume todos sus pecados -respondió el Apóstol-. Es como si aquél volviera a nacer en la pureza del párvulo…
–Así lo creía y por eso vengo.
–¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?
–Que me devuelva mis pecados –suspiró el hombre.
Hablaba y hablaba, de Max-Aub
Hablaba, y hablaba, y hablaba, y
hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de
mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar.
Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de
cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que
pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo.
Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí
la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar:
se le reventaron las palabras por dentro.
Carta del enamorado, de Juan José
Millás
Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.
La manzana, de Ana María Shua
La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.
Amenazas, de William Ospina
-Te devoraré -dijo la pantera.
-Peor para ti -dijo la espada.
La verdad sobre Sancho Panza, de
Franz Kafka
Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie.
Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.
Las gafas, de Matías García
Megías
Tengo gafas para ver verdades. Como no tengo costumbre no las uso nunca.
Sólo una vez…
Mi mujer dormía a mi lado.
Puestas las gafas, la miré.
La calavera del esqueleto que yacía debajo de las sabanas roncaba a mi lado, junto a mí.
El hueso redondo sobre la almohada tenía los cabellos de mi mujer, con los rulos de mi mujer.
Los dientes descarnados que mordían el aire a cada ronquido, tenían la prótesis de platino de mi mujer.
Acaricié los cabellos y palpé el hueso procurando no entrar en las cuencas de los ojos: no cabía duda, aquello era mi mujer.
Dejé las gafas, me levanté, y estuve paseando hasta que el sueño me rindió y me volvió a la cama.
Desde entonces, pienso mucho en las cosas de la vida y de la muerte.
Amo a mi mujer, pero si fuera más
joven me metería a monje.
DIEZ CONSEJOS PARA ESCRIBIR UN
MICROCUENTO
1. Un microcuento es una historia
mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el
resumen de un cuento más largo.
2. Un microcuento no es una
anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el
microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un
cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.
3. Habitualmente el periodo de
tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre
el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la
proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres
personajes ya son multitud.
5. El microcuento suele suceder
en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios
múltiples.
6. Para evitar alargarnos en la
presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar
bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede
decirlo todo.
7. Un microcuento es, sobre todo,
un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy
importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se
cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón,
en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que
entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar
algo importante.
8. Pese a su reducida extensión y
a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado
de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un
significado muy grande.
9. Es muy conveniente evitar las
descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay
que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es
pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este
pueda conmoverse (o no) con ellas.
10. Piensa distinto, no te
conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para
contar lo que ya se ha dicho mil veces.
Tomado de https://lclcarmen1.wordpress.com/2011/04/19/como-escribir-microrrelatos/


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