CÓMO ENAMORAR AL ESTUDIANTE DEL APRENDIZAJE: EL SISTEMA PARASIMPÁTICO Y LA COGNICIÓN
Por Aquiles Julián
Presidente
del Centro PEN RD Internacional
Para
entender el aprendizaje tenemos que entender a quien aprende: el alumno, sea
niño, adolescente, joven, adulto, maduro o envejeciente, porque se aprende a
cualquier edad. El aprendizaje solo es posible cuando uno de los dos sistemas
básicos a nivel fisiológico-endocrino del sistema nervioso autónomo está al
mando. Si se activa el otro, cesa el aprendizaje, cesa el crecimiento, entramos
en modo supervivencia.
Me
refiero al sistema parasimpático, el que nos permite aprender, y el simpático,
el que nos bloquea aprender.
La
fisiología del aprendizaje nos obliga a crear una escuela que fomente todo lo
que estimula al sistema parasimpático y reduzca todo lo que estimule el sistema
simpático.
Cuando
estamos estresados no aprendemos. Como Richard Lazarus escribe en su libro Estrés
y Procesos Cognitivos:
“El estrés psicológico es el resultado de una
relación entre el sujeto y el entorno, que es evaluado por éste como amenazante
o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar.”
De hecho,
una peculiaridad de las hormonas del estrés (adrenalina, cortisol,
noradrenalina), es que bloquean la capacidad de evaluar del cerebro, porque al
colocarnos en actitud de lucha o huida, el cuerpo no puede distraerse, tiene
que concentrar su atención plena en la acción, en la supervivencia. No tiene
tiempo para otra cosa.
La
primera y mayor tarea de la escuela, y de los profesores, es desestresar al
estudiante. Sacarlo del modo supervivencia, defensivo, a un modo lúdico y de
crecimiento. Moverlo a nivel de su sistema nervioso autónomo o vegetativo, del
sistema simpático al parasimpático.
Convertir
aprender, participar y la vida escolar en un placer y no en una amenaza.
Y la
mejor manera es enseñarle a aprender y que descubra lo placentero que le
resulta.
Gamificación, al cerebro le encanta jugar
Un
poderoso recurso para eso es aprovechar las tendencias naturales del cerebro.
Una de
ellas es: al cerebro le encanta jugar.
Al
cerebro también le encanta competir.
Al
cerebro le encantan los retos, tener un propósito, una meta.
Al
cerebro le encanta ser apoyado, estimulado, aprobado, reconocido y celebrado
(son parte de las necesidades emocionales de toda persona).
Como
aparece en Neurociencia, Cognición y Aprendizaje editado por María
Angélica Pease et al:
“El cerebro humano funciona interconectando
muy diversas partes a cada momento. Por ello, para un aprendizaje eficiente y
óptimo, el compromiso emocional del estudiante con lo que estudia es funda-
mental para que aprenda. Si no sucede así, su cerebro no colaborará a la
tarea.”.
Lograr
ese compromiso emocional es la más importante tarea tanto del profesor como de
la escuela. Y a ese compromiso se llega poniendo el aprendizaje en primer plano
y al estudiante como eje de todo.
El
ambiente no será todo, pero sin él el resto es nada.
Aprender
a crear, estimular y sostener un ambiente de aprendizaje: divertido,
involucrante, retador, emocionante, alegre, entusiasta, respetuoso e inclusivo
es el auténtico rol de un educador, de un profesional del aprendizaje.
Es ese
tipo de ambiente el que convierte al niño, adolescente, joven o adulto en una
máquina de aprender.
Solo cuando el alumno está sin estrés, puede aprender.
Si
tomamos la raíz de la palabra Aprender, veremos que proviene de la
palabra latina apprehendere cuyo significado es “adquirir un
conocimiento o experiencia, asir, agarrar, tomar, usar”.
Ninguno
de esos propósitos es posible sin la disposición del estudiante, salvo que
queramos sacar a la luz lo peor de él.
Si
entendemos la importancia de contar con la actitud y disposición del estudiante
para que el aprendizaje tenga lugar, entonces aprender a crear un ambiente de
aprendizaje es fundamental en cualquier nivel del estudio.
Si
recordamos que al cerebro le encanta aprender, se trata simplemente de que el
aprender sea disfrutable, divertido, ameno, positivo, constructivo e
involucrante.
Los
contenidos son maleables. Los podemos compartir de manera aburrida e insufrible
o de manera divertida y que genere entusiasmo.
Las emociones son claves para el aprendizaje
Se sabe
la importancia del color emocional para que se produzca el aprendizaje y la
memoria. El hipocampo se activa con la emoción.
Las
emociones pertenecen a nuestra área prerracional y se vinculan a la cognición y
el aprendizaje, porque si fue capaz de generarnos una respuesta emocional
(cambios en nuestro estado, activación de neurotransmisores, etc.) y reforzar
sinapsis, el cerebro interpretará ese contenido como valioso e importante y lo
moverá de la memoria de trabajo (corto plazo) a la memoria de largo plazo.
¿Qué
emociones favorecen el aprendizaje?
1.
La expectación
2.
El asombro
3.
La curiosidad
4.
La alegría
5.
El entusiasmo
6.
Sentirse aceptado
7.
La sensación de triunfo
8.
El trabajo en equipo
9.
El competir
10. La
confianza de otros en uno
¿Qué
emociones dificultan el aprendizaje?
1.
La tensión
2.
La ansiedad
3.
El miedo
4.
La culpabilidad
5.
La ira y el enfado
6.
El aburrimiento
7.
La envidia
8.
Los celos
9.
La falta de autoconfianza, el no creer que uno
pueda
10. El no
sentir apoyo ni confianza de otros en uno
¿Qué es
interesante en este aspecto?
Que las
primeras son propias del sistema parasimpático, el sistema de aprendizaje y
crecimiento, mientras que las segundas son propias del sistema simpático, de
defensa y supervivencia.
Aprendizaje sensorial ¿recordamos las tres principales vías o
canales preferentes del cerebro?
Nuestros
sentidos son los puentes entre la realidad externa e interna y nuestro cerebro.
Ya
hablamos de las modalidades perceptivas visual, auditiva y kinestésica (es
importante aclarar que la olfativa y la gustativa se añaden a la corporal o
kinestésica).
Incorporar
los sentidos, la riqueza sensorial, al aprendizaje lo refuerza y enriquece.
Más
todavía, si el profesor aprende no solo a aplicar las modalidades a sus
enseñanzas, sino por igual a aplicar e inducir la aplicación por parte del
estudiante de submodalidades, eso reforzará la migración de la información de
la memoria de corto plazo o memoria de trabajo, que es efímera y limitada, a la
memoria de largo plazo.
Cada una
de las modalidades perceptivas tiene submodalidades o distinciones que tienen
un impacto emocional en el cerebro.
Un
ejemplo de submodalidades visuales son:
Cerca –
lejos
Alto – a
nivel – bajo
Ancho –
delgado
Nítido –
borroso
Blanco y
negro – a color
Opaco –
brillante
Enmarcado
– sin marco o límite
Congelado/frizado
- en movimiento
A nivel
auditivo también tenemos submodalidades o distinciones como:
Sonido
cercano – sonido lejano
Agudo –
grave
Melodioso
– arrítmico
Palabras
– no palabras
Voz
humana – voz metálica de una máquina
Voz alta
– susurro
Voz
alegre – voz triste – voz irritada
Fácil
dicción – torpe de habla
Y si
vemos a nivel kinestésico-olfativo-gustativo hay muchas distinciones posibles.
Seco –
húmedo
Caliente
– frío
Áspero –
suave
Punzante
– romo
Mullido –
irregular
Perfumado
– hediondo
Agradable
– acre
Dulce –
salado
Picante –
Soso
Amargo –
insaboro
Al
incorporar las submodalidades, las experiencias se hacen más vívidas y
relevantes, crean mayor resonancia emocional y es más fácil recordarlas.
Es tiempo de jugar porque es tiempo de aprender
La
siguiente frase es de George Bernard Shaw: “El hombre no deja de jugar
porque se vuelve viejo; se vuelve viejo porque deja de jugar”.
Además de
adecuar los contenidos a las distintas modalidades sensoriales, hay que darle
una estructura lúdica, porque como bien escribió María Couso en su libro Cerebro,
Infancia y Juego:
“Jugamos
para aprender, y el hecho de adquirir experiencias nuevas a través del juego
resulta satisfactorio para el cerebro.”
Para que
la escuela (y en este concepto incluyo no solo colegios, liceos, centros
educativos, universidades, sino incluso las escuelas técnicas y vocacionales,
el INFOTEP y el ITLA, los centros de formación empresarial, etc.) se convierta
en un espacio de aprendizaje, tenemos que crear todo lo que estimule el
parasimpático y no enerve al sistema simpático.
Como el
Dr. Craig Hassed y el Dr. Richard Chambers escribieron en su libro Mindful
Learning:
“Cuando
el aprendizaje se reduce a simplemente acumular información y regurgitarla para
los exámenes, pierde en cierto modo la fascinación que nos era natural cuando
éramos niños. Es sobre este tipo de educación que Albert Einstein dijo: “La
educación es lo que queda después de que uno ha olvidado todo lo que aprendió
en la escuela.”
Y, en el
caso específico de las escuelas dominicanas, conviene entender la situación
peculiar que viven las personas desde niñas en una gran cantidad de hogares,
porque las familias monoparentales, los hijos de varios padres distintos, los
hogares disfuncionales en que los niños llevan la peor parte y la cantidad de
padres y madres incompetentes para ese rol, arroja a las aulas a niños que
viven situaciones emocionales y psicológicas complejas.
Las aulas
no solo deben convertirse en un espacio de aprendizaje, también en un espacio
de recuperación emocional y psicológica, en un espacio terapéutico.
Y de eso
hablaremos en el próximo artículo.





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