¿POR QUÉ URGE QUE NUESTROS ESTUDIANTES (Y TODOS LOS DOMINICANOS) APRENDAMOS ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE EFICIENTE?
Por Aquiles Julián
Presidente
del Centro PEN RD Internacional
La irrupción de la 4ta. Revolución Industrial actualmente en curso combina un mundo de oportunidades simultáneamente con un mundo de riesgos y peligros para cualquier población y cualquier nación.
El primer
aldabonazo de lo que venía se dio en 1970 con la publicación de El shock del
futuro, por Alvin y Heidi Toffler. No le prestamos atención.
Si ahora
entendemos la situación y actuamos en consecuencia, orientaremos la acción
pública y privada, todas las energías del país, a insertarnos, acoplarnos e
integrarnos en el mundo digitalizado, informatizado, en revolución, que emerge
y crea cambios disrruptivos y poderosos en la economía y la sociedad.
Si
metemos, como el avestruz, la cabeza en el suelo y lo ignoramos, simplemente
los cambios nos arrollarán y, no solo perderemos una oportunidad excepcional de
progreso, sino que pagaremos el doloroso precio de ese descuido.
Nunca
como hoy es tan vívida la frase: “Mi pueblo se pierde por falta de
conocimiento”. Solo que también por indolencia y necedad de no actuar como
la inteligencia indica, añado yo.
En un
artículo anterior señalamos con claridad la mayor falencia de nuestra
educación, tanto pública como privada:
¿Por qué,
entonces, urge que no solo nuestros estudiantes, sino en general todos los
dominicanos, aprendamos estrategias de aprendizaje eficiente?
ENTRAMOS EN LA ERA DEL CONOCIMIENTO PROVISIONAL Y REEMPLAZABLE
Las
tecnologías y fuerzas que dan forma a la 4ta. Revolución Industrial en curso
son portentosas y ellas van cuestionando muchas “verdades” y paradigmas que en
todos los campos se tenían por inamovibles y ciertas.
Nos
enfrentan a nuestros propios límites y pequeñez de mira.
La
competencia entre países y economías es ardua y nuevas tecnologías van
emergiendo y haciendo obsoletas otras de reciente adquisición.
Las
carreras y profesiones tradicionales se ven desafiadas y muchos pronostican que
decenas de profesiones (y por consiguiente, puestos de trabajo) serán
descartados por inútiles.
¿Qué
hacer con esa masa ingente de profesionales que, de un momento a otro,
descubrirán que su profesión ya solo es un pergamino inútil en una pared?
La clave
es el reskilling, la re-capacitación, el adecuarlo al mundo que llega. Cierto,
habrá resistencia. La mentalidad ludista (que es consecuencia del miedo y la
inseguridad frente al cambio), llamará a ignorar los avances y quedarnos
rezagados.
Solo que,
en la nueva economía del siglo 21, quien se rezaga se condena.
¿Qué
pasará con los choferes en el mundo de los coches autónomos, por ejemplo? ¿Con
la mano de obra reemplazada por los nuevos artilugios de la robótica? Esas son
realidades que llegan a corto plazo y que no podemos ignorar
irresponsablemente.
Y eso no
concierne al gobierno de turno ni al Estado, concierne a todos, a toda la
sociedad sin excepción.
TODAS LAS PERSONAS TENEMOS UN RECURSO INEXPLOTADO QUE
NECESITAMOS APRENDER A EMPLEAR
Como
hemos afirmado en el artículo anterior, el mayor capital de una nación (y de la
nuestra en particular), su mayor activo, son los cerebros de su población.
Ese
activo ha sido, hasta el momento, más un pasivo, por la inconsciencia del rol
que juega y de lo mucho que podría hacer por llevarnos a un estadio de progreso
superior.
La
capacidad de aprendizaje, generación de ideas, creatividad e innovación son
invaluables recursos a fomentar y desarrollar.
Todos los
cerebros, aún aquellos que, dada la cultura de promoción del alcoholismo impera
en Rep. Dominicana (y ya sabemos el daño a las neuronas que el alcohol produce),
se maltratan a diario, tienen un potencial altísimo (salvo las lamentables
excepciones, por causas de deficiencias de nacimiento o por accidentes,
enfermedades, etc.).
¿Qué
necesitan las personas? Reempoderarse, descubrir su potencial, aprender a cómo
adquirir, entender, asimilar e integrar, retener, recuperar a voluntad y
aplicar conocimientos, habilidades y destrezas.
Eso es
enseñable.
Si esas
capacidades se aplican a las áreas de vocación, talento e interés que todas las
personas, sin excepción, poseen, estimulándolas a brillar y destacarse,
encontrar
su ikigai, para decirlo con un concepto japonés.
¿Y ES TAN URGENTE COMO DECIMOS?
No es únicamente
la necesidad de reskilling, para la cual ya estamos contra reloj, es también la
necesidad de formar en pensamiento crítico a toda nuestra sociedad.
¿Por qué?
El pensamiento crítico no se da, que yo sepa (y espero estar equivocado), en
ninguna materia en nuestro país. Eso significa que dejamos al libre albedrío el
que nuestros niños, jóvenes y profesionales sepan discernir.
¿Cuál es
la consecuencia de eso? Tragedias y daños inconmensurables.
¿Han
visto la cantidad de profesionales timados por esquemas de fraude que prometen
villas y castillas? Eso sucede porque esos profesionales nunca fueron formados
en pensamiento crítico y son ineptos para discernir la posibilidad de una
información.
Igualmente,
¿han visto la cantidad de profesionales que amplifican y divulgan fake news,
hoaxs y bulos al por mayor y al detalle?
Cuando
veo a personas a las que estimo más prevenidas y juiciosas, colocar ese bulo de
NO AUTORIZO, NO AUTORIZO, NO AUTORIZO y otros semejantes, me estremezco.
Conste, no son semianalfabetos quienes lo hacen (aunque también hay
semianalfabetos que incurran en el yerro), sino personas con un nivel de
formación superior al promedio, pero incapaces de discernir una información,
contrastarla, autentificarla, verificar sus fuentes, buscarle sus fundamentos.
Repiten
acríticamente lo que recibieron, y endosan con su publicación una falsedad.
El asunto
es que aprender a discernir, contrastar, verificar y fundamentar es urgente
porque las nuevas tecnologías harán cada vez más difícil poder establecer la
verdad de un video, audio o imagen.
Los
programas de deep fakes, que copian y reproducen la imagen, voz y otras
características, las aplicaciones que emplean inteligencia artificial, podrán
mostrarnos una realidad inventada y vendérnosla como oro real, cuando no pasará
de goldfilled.
Y muchos
pueden tomar esa impostación como verdad y tomar decisiones en consecuencia,
con resultados perjudiciales.
Imaginen
que hackean un sistema de defensa y hacen creer que hay un ataque en curso con
un potencial devastador y quien recibe la información es inepto para verificar,
autentificar y contrastar esa información. ¿Se entiende o no?
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| Alvin y Heidi Toffler Futurólogos. |
LOS NUEVOS ANALFABETOS, SEGÚN TOFFLER
Una de
las frases más repetidas de Alvin Toffler, quien junto a su esposa Heidi
Toffler, delinearon en una serie de libros espectaculares y extraordinarios,
desde El shock del Futuro a La Tercera Ola, de El Cambio de
Poder a La Revolución de la Riqueza y La Empresa Flexible, el
futuro que se nos venía encima, es esta:
“Los
analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no saben leer y escribir, sino
aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender”-
Eso fue
escrito hace ya décadas. En 1970. Hace 54 años, en su libro El Shock del
Futuro.
Fuimos
advertidos, aunque no hicimos caso. (Por cierto, en el 2020 se puso en
circulación After Shock, donde una serie de futurólogos daban
continuidad al trabajo de los Toffler en una conmemoración de los 50 años de la
edición de El Shock del Futuro)
Como el
periodista y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, José
Manuel Pérez Tornero, escribió en su artículo Los nuevos analfabetos,
requerimos no solo habilitar en nuestros las competencias funcionales y
técnicas, sino por igual las críticas y creativas que “… nos permitirán
discernir si las funcionalidades que proporciona la tecnología coinciden o no
con nuestros objetivos como seres humanos, y, en su caso, desarrollar caminos
alternativos. Son las que nos ayudan a distinguir entre las informaciones o
propuestas que resultan confiables y las que no; o sea, entre lo que nos puede
parecer verdadero y lo que nos conduce al engaño. Las que nos permiten
aventurarnos por mundos nuevos y nos ayudan a encontrar soluciones a problemas
concretos.”
De ahí
que, siguiendo con el razonamiento, que endoso, de Pérez Tornero: “Necesitamos
pues, una escuela crítica y creativa, para distinguir entre lo que es digno de
confianza y lo que no. Y lo que mereces ser imaginado y creado, y lo que no. Lo
que significa: una escuela crítica también con el medio tecnológico en el que
vivimos y que, en muchas ocasiones, no hemos elegido. Y, sobre todo, creativa
para pensar en otras posibilidades.”
Los
nuevos analfabetos estarán titulados, ornamentados con los grados y
distinciones académicas, y no sabrán que lo son. Y eso es trágico.
¿Alguien,
acaso, entiende la gravedad del asunto?






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