APRENDE A MODULAR DISTINTAS VELOCIDADES DE LECTURA.
Por Aquiles Julián
Presidente
del Centro PEN RD Internacional
Un error
del lector empírico o ineficiente es que lee todo a una tasa de velocidad
regular. Un lector eficiente aprende a emplear distintas velocidades de lectura
según la relevancia y el conocimiento del tema que lee, lo que agiliza su ritmo
y le da control sobre el material que trabaja.
Muchos
que ignoran cómo se emplean las velocidades, creen erróneamente que la lectura
eficiente significa “leer a alta velocidad” un texto.
Eso es
falso.
Un lector
eficiente sabe dónde ir lento, dónde ir rápido, dónde ir súper rápido y dónde
casi volar, según la tipificación que ha hecho del contenido mediante la
codificación en colores.
Como
experto en lectura eficiente te hago la siguiente pregunta:
¿Debe
leerse a la misma velocidad la información conocida que la desconocida?
¿La
relevante y la no relevante?
Eso es
absurdo.
Precisamente
por desconocer lo que vamos a explicar es que hay tantos libros a medio leer o
apenas empezado que se llenan de polvo en los estantes.
Lo que
ahora vas a aprender va a transformar tu hábito de lectura para siempre si lo
aprendes y lo aplicas (recuerda que “entender” intelectualmente es ser en
realidad ignorante y no saber, porque si nunca has hecho algo, no lo sabes,
aunque repitas la receta. Saber es siempre saber hacer).
El
entendimiento intelectual consiste únicamente en tener una idea aproximada de
algo, pero no es conocimiento, porque el conocimiento tiene como prerrequisito
la experiencia, el hacer. Lamentablemente, muchos se limitan a esa idea
aproximada ¡y pontifican como conocedores y expertos!
Esa es
una plaga muy abundante.
Descubre tu PPM personal (cantidad de palabras por minuto)
Un primer
paso es que aprendas cuál es tu PPM o cantidad de palabras por minuto.
Esta es
tu base inicial para medir tus avances en lectura eficiente.
¿Cómo la
estableces?
Aunque te
puedes auxiliar de la ayuda de otra persona, te la explico de forma que la
puedes hacer por ti mismo.
Elige un
libro y toma su primer capítulo o el inicio de cualquier capítulo.
Ahora ve
a la función Cronómetro de tu celular, una de las funciones del reloj del
celular.
Ponlo en
cero.
Pon tu
mirada en la primera palabra de tu libro.
Haz click
en inicio y empieza a leer y sigue haciéndolo hasta completar un minuto.
Dale a
parar al cronómetro y fíjate en la última palabra que leíste.
Ahora
cuenta desde la primera palabra hasta esa última, cuántas leíste, incluyendo
artículos, interjecciones, conectores, etc.
Ese
número es tu PPM personal, cantidad de palabras por minuto que lees.
Esa
cantidad puede duplicarse, triplicarse y hasta quintuplicarse convirtiéndote en
un lector eficiente.
Y haremos
más adelante recomendaciones de cómo lograrlo, en próximos artículos.
También más
adelante te compartiré cuál es el impacto de esto. Ahora veamos algunas
velocidades de referencia.
¿Cuál es el ritmo de velocidades recomendado?
¿Recuerdan
la Matriz de Relevancia de la Información? Al nosotros precalificar las
páginas del libro en función de su relevancia y conocimiento previo, los dos
criterios importantes, definimos las velocidades convenientes.
Digamos
que las siguientes velocidades nos servirán de referencia.
200 a 300
palabras por minuto para información relevante y no conocida.
300 a
1,000 palabras por minuto para información relevante y conocida.
1,000 a
5,000 palabras por minuto o más para información no relevante
conocida y no conocida
Para que
tengas una idea de referencia, te diremos que, en un artículo publicado en la Revista
costarricense de psicología, por las psicólogas Gabriela Silva-Maceda y Silvia
Romero-Contreras en el 2017, aparece lo siguiente:
“En el
primer ciclo de primaria, los valores de velocidad lectora oscilan entre 35
(mínimo de 1er grado) a 84 palabras por minuto (máximo de 2.º grado). En el
segundo ciclo, el número de palabras por minuto oscila entre 85 (mínimo de 3er
grado) a 114 (máximo de 4.º grado). Los estándares indican que en el 3. ° grado
de secundaria se espera que los alumnos lean entre 155 y 160 palabras por
minuto”.
¿Por qué
estas velocidades son las recomendables, como referencia?
En la información relevante y no conocida, la más
importante de toda porque añade y expande nuestro conocimiento, necesitamos ir
a menor velocidad, recomendable entre 200 a 300 PPM, porque el acto de
adquirir información no es intelectual, es físico: las neuronas están
realizando nuevos enlaces sinápticos, se están creando nuevas rutas neurales.
Estamos
modificando nuestro cerebro.
Incluso
es recomendable dedicar unos 15 minutos a la lectura y detenernos. Si es
posible, descansar un poco, dormitar. Hay que darle tiempo al cerebro que
produzca los nuevos enlaces.
Recuerda,
estás modificando físicamente tu cerebro. Es lo que se denomina neuroplasticidad,
y que te permite forjar el cerebro que quieres, eligiendo la información que
desea poseer.
Mientras
lo hacemos, vamos añadiendo las ideas o conceptos básicos a nuestro mapa
mental, lo que afianza el proceso de adquisición de información.
No es
apropiado festinar este proceso, porque es un proceso de cambio físico y las
neuronas tienen su tiempo para extender sus dendritas y conectar con otras
neuronas. Ahora, imagínate eso: una neurona expandiéndose, extendiendo una
dendrita para tocar otra y compartirle una carga eléctrica con neuroquímicos
que la estimulan y que, cuando se estimulen de nuevo, evocarán ese recuerdo,
esa información. Así creas memoria. Es extraordinario.
Ahora,
vamos a la lectura de información relevante y
conocida. La velocidad recomendada va de 300 a 1,000 palabras por minuto,
dependiendo del grado de familiaridad que tengamos con el tema. Aquí no estamos
formando nuevas rutas neurales, nuevas sinapsis, sino reforzando las que ya
tenemos. La información y las imágenes que nos provoca la sentimos conocida,
estamos familiarizados con ella. Ahora, también repasar esa información es
importante. Hay un proceso al que nos abocamos cuando lo hacemos: consiste en milienizar
esos enlaces neurales, blindarlos con mielina, haciendo esa información inolvidable
(más adelante, enseñaremos cómo proceder a esa mielinización, cuando hablemos
de la Curva de Ebbinghaus o Curva de Olvido).
Ya hemos
establecido parámetros de referencia en cuando a la rapidez de lectura en los
cuadrantes A y B, conocida y relevante, y no conocida y relevante, de nuestra Matriz
de Relevancia de la Información.
¿Cómo
proceder con los cuadrantes C y D, las no relevantes, sean conocida o
desconocida?
Aquí
procederemos a movernos a alta velocidad y a altísima velocidad, sin dejar de
pasar la vista por las páginas (este proceso tiene su utilidad y no es
inteligente saltárnoslo).
Por eso,
podemos aplicar una velocidad de lectura media entre 1,000 PPM a 5,000 PPM o
más, ya que hemos identificado que en esas páginas no hay información relevante
(pero siempre es útil tener una idea del tema que tratan, para futuros
intereses).
Usando un regulador al leer
Sea al
leer las partes que corresponden a los cuadrantes A y B (relevantes) como a los
cuadrantes C y D (no relevantes), es valioso recurrir a un recurso: emplear un regulador.
Es algo
tan sencillo como usar nuestro índice o, en su defecto, un lapicero con la tapa
puesta, para guiar nuestra lectura, línea por línea.
Un
beneficio del regulador es que debe mantenerse en movimiento, hacia adelante,
evitando empantanarnos y detenernos en un tema y distraernos.
El
regulador nos disciplina y nos mantiene activo.
Muchos,
al no estar habituados, tienen un cierto rechazo, típico de quien evita
adquirir nuevos hábitos y se aferra a los hábitos ineficientes de lectura.
Créame
que el regulador es útil y funciona.
Pruébelo.
Y cuando
lo pruebe, trate de ir incrementando progresivamente la velocidad de
desplazamiento de su regulador.
Algunas
personas también emplean una tarjeta que van desplazando hacia abajo y
el principio es el mismo, los ojos se concentran en el renglón último
descubierto y la tarjeta se mantiene bajando a un ritmo constante, para evitar
que uno se enchive y detenga en la lectura.
Un último
recurso es aplicar “los cuernitos”, en que usamos el índice y el meñique
para enmarcar los renglones y los vamos desplazando hacia abajo.
Es
inteligente probarlos todos y quedarnos con el que nos resulte más productivo y
más cómodo para nosotros.
¿Cómo leer cuando lees? Convierte las frases y oraciones en
imágenes.
Un
recurso de primera importancia es convertir en imágenes las frases y oraciones.
El
cerebro opera, piensa y recuerda por imágenes.
De hecho,
solo cuando conviertes en imágenes las palabras estás cerrando el proceso de
lectura, porque lo primero que hizo el escritor fue pensar en imágenes y luego transformar
las imágenes de su mente en palabras.
Cuando
entras en contacto con las palabras, para poder entender al escritor debes
hacer el proceso de transformación opuesta: convertir las palabras en imágenes.
La
comprensión no radica en la repetición de las palabras, sino en su intelección
y eso solo es posible si cierras el círculo convirtiéndolo lo leído en
imágenes.
Algo
importante es comprender que muchas palabras pueden ser solo una imagen. Por
ejemplo: “La niña del vestido rojo y del lazito rosa en el pelo se paró en
el parque, montada en su bicicleta, y miró el cielo nublado”. Esa oración
tiene 26 palabras, pero es una sola imagen.
Haz el
ejercicio. Mira esa imagen en tu cabeza.
Si eres
capaz de hacerlo ¡eso es lo que significa comprensión!
La
capacidad de convertir las oraciones en imágenes (porque una imagen por lo
general contiene más de una palabra, aunque puede circunscribirse a una sola
palabra en algunos casos), es fundamental no solo para la comprensión, sino
también para la recordación.
Para
expresar que entendimos la información no tenemos que repetirla palabra por
palabra (la conocida “botella” a la que nos acostumbraron en la escuela), sino
transmitir el contenido que vimos en nuestra mente al convertir las palabras en
imagen.
Si
decimos: “una carajita montada en una bibi que tenía un vestido colorao y un
lazo rosado en la cabeza se paró en el parque y vio el cielo encapotado”,
es un entendimiento perfecto, más que perfecto, prácticamente literal.
La
ventaja es que la memoria de largo plazo trabaja con imágenes y toda imagen
genera una reacción emocional. Y las emociones activan el hipocampo, donde está
nuestra memoria de largo plazo. ¿Entendida su ventaja?
Dos técnicas para trabajar las partes de contenido C y D de un
libro: el skimming y el scanning
Hay dos
técnicas recomendables para leer las páginas de información no relevante, las
correspondientes a los colores morado y verde, en mi estructura de codificación
en color.
Son el
skimming y el scanning.
Vamos a
explicarlas y a enseñar a hacerlo.
El skimming
se traduce como hojear o leer por encima, dar un vistazo. También algunos lo
llaman barrido.
Algunas
técnicas de aplicar el skimming son:
La S,
moviendo la mano como si hiciésemos una S en la página.
El zigzag,
moviendo los ojos en la página en zigzag de un lado a otro.
Aunque no
lo sepamos o entendamos, nuestro cerebro está leyendo a ultravelocidad la
página (tenemos esa capacidad subconsciente. Se estima que el cerebro es capaz
de leer a la asombrosa velocidad de 40,000 palabras por minuto).
Es
inteligente y provechoso aplicar el skimming a todo lo que podamos: revistas,
libros, periódicos, folletos… Eso va enriqueciendo nuestro fondo de
conocimiento pasivo. Y cuando menos lo pensemos, el cerebro sacará esa información
a flote. Esto incluso en temas que aparentemente no son de nuestro inmediato
interés.
El scanning,
por su parte, consiste en pasar la vista por la página para, conociendo nuestra
meta de aprendizaje, ver si hay algunos de los conceptos y contenidos
relacionados con nuestra meta en esas páginas.
Es una
especie de segunda revisión por encima del libro, en sus partes no relevantes,
no vaya a ser que se nos haya saltado alguna información útil.
Al aplicar
simultáneamente el skimming y el scanning a las partes C y D previamente
codificadas cuando hicimos la prelectura, enriquecemos nuestro acervo y dominio
del libro, sin dedicar más tiempo del necesario a las partes de menor valor
inmediato para nosotros.
Creo que
ahora nos conviene hablar un poco de cómo leemos: temas como fijaciones,
movimientos sacádicos, así como las palabras llenas y vacías y, sobre todo, los
siete tesoros a encontrar en un libro.
¿Te atreves
a comentar este artículo o los anteriores? Tu opinión importa.



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