CÓMO PODEMOS ACELERAR NUESTRO RITMO DE LECTURA
Por Aquiles Julián
Presidente
del Centro PEN RD Internacional
Cuando me
entrené, hace ya varias décadas, en lectura eficiente, aprendí que hay que
separar la velocidad de lectura de la parte correspondiente a la comprensión.
Entendamos
antes esto: si no comprendemos, no leímos.
Pero como
respondemos a una programación de lectura silábica, la que aprendimos en la
escuela, donde nos alfabetizaron, pero no nos enseñaron a leer de manera
eficiente, hay que proceder primero con la velocidad y luego con la
comprensión.
Tenemos
un programa para leer lento, y eso nos vuelve lectores ineficientes.
Peor aún,
el cerebro puede leer a altísima velocidad.
Y la
velocidad de lectura se relaciona con un elemento clave: la atención y la
concentración.
Eso
significa que, cuando leemos lento, como el cerebro opera a una velocidad de
procesamiento de información superior a los ojos, tenemos mayor propensión a
distraernos y a desconcentrarnos del tema, dejando que otros asuntos germinen
en nuestra mente y se apropien de nuestra atención.
El 50% del esfuerzo se pierde cuando se lee palabra por palabra
¿Recuerdan
las fijaciones? Nuestros ojos cada 300 milisegundos paran, toman una especie de
foto, y se mueven de nuevo, el llamado movimiento sacádico, hasta parar y tomar
otra “foto”. Luego vuelven a moverse. Y luego paran y toman otra foto…
Así es
que miramos.
Es
nuestro cerebro el que nos crea la percepción de continuidad. Nuestra mente
archiva imágenes.
Y esto
tiene un impacto en nuestra acción de leer.
Resulta
que el 50% de las palabras que leemos son palabras vacías de contenido: son
comodines sintácticos, como los artículos, preposiciones, conectores, etc.
Ayudan a
construir las oraciones, en español, pero no nos aporta mayor información. Las
fijaciones que les dedicamos son inútiles, un desperdicio.
Veamos un
ejemplo para que nos entendamos con la siguiente frase:
En el
camino de la casa un charco impedía que ella cruzara.
Ahí
tenemos una oración de doce palabras.
Pero de
esas 12 palabras, 6, el 50%, son palabras vacías. Y las otras 6, el otro 50%,
son las que portan contenido y construyen el sentido.
Si
escribo la secuencia de las vacías:
En el…..
de la…. un… que.., no se
entiende nada.
Si, por
el contrario, escribo:
Camino
casa charco impedía ella cruzara
el
sentido de la oración es entendible para cualquiera.
Si
dedicamos una fijación a cada una de esas palabras, estaríamos desperdiciando
el 50% de nuestras fijaciones, de nuestro esfuerzo y de nuestro tiempo.
Es por
eso también que leer por frase es más inteligente que leer palabra a palabra.
De la lectura por frase a la lectura por ejes.
La
lectura por frases nos conduce a desarrollar una manera de leer que es la
lectura por ejes.
Habituarse
a leer por ejes es un recurso poderoso de aceleración de la lectura. Podemos
elegir, según el número de palabras del renglón, dos, tres y hasta cuatro ejes.
Un eje es
una línea imaginaria que inicia en la segunda o tercera palabra del renglón.
Hay otro eje al centro del renglón y un tercer eje una o dos palabras antes de
terminar el renglón. En ocasiones, dependiendo del número de palabras en el
renglón y el tamaño de la página, pueden ser dos ejes a 4 ejes los que
empleemos.
Los ojos
van a la posición de ese eje imaginario y mira no solo la palabra, sino las dos
anteriores y las dos posteriores y de ahí saltamos al siguiente eje del
renglón.
Ahora
ejemplificamos una página con los ejes imaginarios.
Podemos trazar ejes físicos con un lápiz de color en algunos escritos para practicar el procedimiento.
Los ejes ayudan a optimizar nuestras fijaciones
Ya explicamos el proceso por el cual vemos y leemos. El ojo hace fijaciones (se detiene y tira una fotografía, para decirlo de esa forma) entre movimientos sacádicos. Leemos (y vemos) por fijaciones.
Si entendemos esa parte, comprenderemos por qué en el primer eje colocamos la vista en la segunda o tercvera palabra, según sea llena o vacía (siempre buscamos las palabras llenas, las que contienen información significativa, no en los comodines o recursos sintácticos).
Si colocáramos la vista en la primera palabra (que normalmente suele ser un comodín, un artículo, una preposición), estaríamos desperdiciando el 50% de nuestra fijación, porque a la izquierda no habría palabras. Si por igual, usáramos una fijación en la última palabra, por igual estaríamos desperdiciando el 50% de la fijación).
Leemos por fijaciones. No palabra por palabra, sino fijación por fijación. Si aprendemos a optimizar nuestras fijaciones, abarcando más palabras por fijación al entrenar nuestro foco visual, leeremos más con menos fijaciones, lo que acelera nuestra velocidad de lectura.
Así leen los lectores eficientes, lo que manejan altos volúmenes de información y leen libros con frecuencia.
El siguiente cuadro muestra gráficamente la diferencia entre la lectura tradicional, empírica, palabra por palabra, con la que realiza un lector eficiente que lee por frases aplicando la lectura por ejes.
Todos
tenemos una visión de 180 grados. Dentro de esa visión tenemos una zona de foco
central y una zona de visión perisférica. Es decir, el sistema visual opera
como interacción de dos sistemas diferentes que se procesan en regiones
distintas del cerebro, la visión focal central y la visión periférica o
ambiental.
La visión
central es aquella que nos permite ver en detalle, nuestro foco, y la
perisférica nos permite ver el contexto.
Al leer
podemos emplear la visión central y apoyarnos en la periférica para ampliar el
rango de percepción de palabras.
La visión
central y la visión periférica no comparten una misma vía neurológica, sino que
tienen vías paralelas de procesamiento de la información visual.
Esto es
importante que lo entendamos para un aprovechamiento de nuestras posibilidades
lectoras.
La vía de
la visión central que llevala información del sistema focal o central es la
llamada vía ventral, que lleva la información de la corteza visual a la corteza
temporal inferior, la cual se relaciona con la atención y la memoria. Esta vía
es la que nos permite identificar objetos pues está involucrada con la forma, el
color y el tamaño. Es la vía del “qué”.
Por otro
lado, la vía de la visión periférica es la vía dorsal, que abarca todo el
ambiente o contexto. La visión periférica lleva la información de la corteza
visual a la corteza parietal. Y de allí esa información se mueve hacia otras
áreas, integrándose con otras informaciones como las somatosensoriales y las
auditivas. La vía periférica se relaciona con la consciencia de uno mismo, el
entendimiento del espacio y también con el control de los movimientos oculares.
Todos
podemos ampliar nuestro campo de visión para captar más palabras por fijación.
Eso requiere reentrenarnos de manera consciente y voluntaria y desarrollar un
nuevo hábito.
Y nadie
puede sustituirnos. Como el merengue de Ramón Orlando: “No hay nadie más
pa´sustituirte”. Si te toca, te toca.
Lo que
cuenta es que es posible, lograble.
Nuestra
área de enfoque, donde percibimos detalles, abarca diez grados a la izquierda y
diez grados a la derecha del punto de enfoque.
Eso
significa 20 grados en que podemos percibir en detalle.
Si es
así, podemos percibir sin mayor esfuerzo varias palabras en un golpe de mirada
(una fijación).
Simplemente
tenemos que habituarnos a ver las palabras a la izquierda y a la derecha de
nuestra palabra foco.
Aquí les
comparto algunos ejercicios.
Otro aspecto valioso es aprender a ejercitar nuestros músculos oculares.
No nos hacen conciencia de su importancia, pero los músculos oculares existen y requieren ser ejercitados.
Una clave en la lectura eficiente es poder manejar nuestro foco visual a voluntad y eso no es posible sin entrenar nuestros ojos.
Algunos ejercicios recomendables son:
1. Rotaciones oculares con ojos cerrados
Cerremos los ojos y realicemos giros circulares completos en ambos sentidos con los ojos cerrados.
2. Parpadeo para humedecer el ojo
Parpadeemos varias veces para lubricar nuestros ojos. A veces, la concentración frente a las pantallas: computadora, laptop, tablet o celular, nos lleva a experimentar sequedad ocular y que los ojos enrojezcan.
4. Enfoque lejano y cercano
Seleccionemos dos puntos, uno cercano y otro lejano, en linea recta. Empecemos enfocando el punto lejano y luego cambiemos el foco al cercano. Hagamos este ejercicio varias veces.
5. Masaje de ojos
Con los ojos cerrados, usando las yemas de dos o tres dedos, proporcionémonos un suave masaje en los párpados, con movimientos circulares por dos o tres segundos.
6. Entrena la visión periférica
Fijemos la vista en un punto que tengamos delante y a corta distancia, puede ser en una taza, un libro, una libreta. Y prestemos atención a lo que está alrededor de este punto sin desplazar el foco de atención.
Como hemos dicho antes, esto no es una tarea intelectual, no basta con entenderla, porque comprender no es saber, ya que saber es saber hacer. Y saber hacer se alcanza por la práctica mejorada. Lo hacemos, lo volvemos hacer corrigiendo y variando, y volvemos a hacerlo nueva vez, lo suficiente hasta que se convierta en una competencia inconsciente. Ya te hablamos de ella.
Ahora es tiempo de pasar a hablar de la comprensión lectora y cómo alcanzarla.









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