¿DEBEMOS LOS ALFABETIZADOS ENTRENARNOS EN LECTURA EFICIENTE? ¡CLARO QUE SÍ!
Por Aquiles Julián
Director
general del Libro y la Lectura
“Enseñar
a los estudiantes cómo aprender es tan importante como enseñarles el contenido,
porque es importante adquirir tanto las estrategias de aprendizaje adecuadas
como los conocimientos previos, sino esencial, para promover el aprendizaje
permanente.”
John Dunlosky
La
respuesta es un Sí rotundo. Al alfabetizarnos adquirimos la competencia básica
de la lectura, pero no las estrategias y competencias para hacerlo de forma
eficiente.
De hecho,
las maneras en que la alfabetización es más efectiva pueden ser contraproducentes
si las aplicamos a la lectura, ya alfabetizados. Son dos estrategias distintas,
aunque la lectura eficiente depende de que previamente haya ocurrido la
alfabetización, que es una precondición.
Pero
estar alfabetizado en nada significa que eso nos convierta en lectores
competentes.
Nos da la
base, pero requerimos adquirir competencias lectoras.
Casi
todos podemos correr, pero para convertirnos en corredores profesionales,
tenemos que adquirir las destrezas y estrategias apropiadas.
Los
dominicanos todos hablamos español, pero eso no nos convierte en locutores:
debemos entrenarnos y adquirir las competencias de dicción adecuadas a la
función.
Lo mismo
sucede con la lectura.
Estar alfabetizados no significa que seamos competentes como
lectores
La
alfabetización es una precondición para adquirir competencias lectoras, pero no
significa que al alfabetizarnos las obtenemos.
Esto así
porque la forma en que nos alfabetizan suele ser muy eficiente para pasar de
analfabetos a alfabetizados, pero es contraproducente para convertirnos en
lectores eficientes.
Y esto es
algo en lo que muchos no reparan.
Al
alfabetizarnos, nos empiezan a relacionar sonidos con grafías, luego nos
enseñan cómo, con la unión de grafías, se forman sílabas y se generan sonidos
modificados, todo relacionados con nuestro lenguaje natural.
Posteriormente,
nos enseñarán cómo la unión de sílabas nos permite crear palabras. Y la unión
de palabras, frases y oraciones.
Ahí
concluye el proceso de alfabetización.
Adquirimos
un modelo de lectura: la lectura silábica. Relacionamos las palabras con
sonidos, más que con sentidos o significados. Y la gran mayoría desarrollamos
el mal hábito de la subvocalización y de pronunciar internamente el
sonido de las palabras, lo que ralentiza el ritmo de lectura.
Como
explica Steven Roger Fischer en su libro A History of Reading, una cosa
es la lectura elemental, que es un proceso fonológico lineal (la relación entre
unas grafías y unos sonidos), y otra la lectura fluida y eficiente, que es proceso
visual-semántico.
Son dos
momentos distintos en los que se activan áreas distintas del cerebro, responden
a requerimientos distintos y merecen ser entendidos como tales.
“Los
lectores novatos utilizan vías cerebrales diferentes a las de los lectores
expertos, al leer”, señala el experto internacional en neurociencia
educativa David A. Sousa en su brillante libro How the Brain Learns to Read.
La
inmensa mayoría fuimos alfabetizados, pero al no entrenarnos en competencias
lectoras eficientes, hemos devenido lectores empíricos e ineficientes ¡incluso
aquellos que suelen leer libros!
Y para la
inmensa mayoría esa, el momento de la alfabetización, ha sido la única
formación en competencias lectoras que recibieron en toda su vida.
Por eso
la mayoría no lee.
Apropiarnos de los activos cognitivos y gestionar nuestro propio
aprendizaje
La
lectura y la escritura son creaciones culturales.
Enseñar
cómo se aprende y dotar de activos cognitivos (recursos y herramientas
de aprendizaje eficiente) a los estudiantes y, en general, a las personas, para
que sepan gestionar su propio aprendizaje, es fundamental.
Y uno de
esos activos cognitivos indispensables es proveerles las estrategias de lectura
eficiente.
Hay que
enseñar, como pidió Alvin Toffler en El Shock del Futuro en 1970, a “aprender,
desaprender y reaprender”.
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Mark McDaniel |
Mark
McDaniel, coautor de Make it Stick, en el prefacio al libro Teach
Yourself How to Learn, de Saundra Yancy McGuire y Stephanie McGuire enuncia
el malentendido que está en el origen de muchas tragedias sociales y vitales
(porque si fracasamos en la educación, pagamos caro ese fracaso como sociedad,
familia e individuo). Y es que hay “una suposición gravemente errónea, una
suposición que está implícita en nuestro sistema educativo. Se asume que los
estudiantes saben aprender. De hecho, numerosas encuestas publicadas sobre
estrategias de aprendizaje y prácticas de estudio aplicadas por estudiantes,
desde la secundaria hasta la universidad, indican claramente que estos suelen
adoptar y practicar técnicas de estudio y aprendizaje ineficaces”.
Y
prosigue: “En resumen, el entorno educativo actual es una gran paradoja. Los
educadores exigen que los estudiantes aprendan una cantidad increíble de
material, pero al mismo tiempo, la mayoría no les proporciona las habilidades ─el
conjunto de herramientas─ necesarias para llevar a cabo esa enorme tarea. Esto
es como arrojar a un niño sin habilidades para nadar a una piscina profunda y
exigirle que nade. Nunca lo haríamos, porque prevemos que muchos niños no
sobrevivirían. Pero en educación, a menudo hacemos precisamente eso: les damos
material a los estudiantes, muchos de ellos con poca capacidad de aprendizaje,
e insistimos en que aprendan”.
Y afirma,
lapidariamente, “muchos estudiantes no saben aprender”.
Ahora,
entendamos, él no habla de los estudiantes, habla de usted, de mí, de cualquier
persona, porque el aprendizaje continuo es una obligación para estar hoy
actualizado.
¿Qué implica ser un lector competente?
Los
individuos, ya alfabetizados, requieren adquirir competencias lectoras que les
permitan:
1.
Modular distintas velocidades lectoras según
relevancia y familiaridad con la información leída
2.
Aplicar un sistema para transferir la información
de las páginas al cerebro
3.
Poder optimizar el tiempo lector
4.
Aplicar al texto el tipo y ritmo de lectura
correspondiente
5.
Implementar un procedimiento que les asegure la
correcta y completa comprensión de lo que leen
Los
procesos que aplicamos al leer son inconscientes para nosotros. Las regiones
del cerebro que se activan, por igual. Solo somos consciente del resultado del
ejercicio lector. “La mayor parte de lo que implica la lectura es
subconsciente”, escribe en el 2017 Mark Seidenberg en su formidable libro Language
at the Speed of the Sight. “Somos conscientes de haber leído algo ─de
que lo entendimos, de que nos pareció divertido, de que transmitió un hecho,
una idea o un sentimiento─, no de las operaciones mentales y neuronales que
produjeron ese resultado. Las personas son narradores poco fiables de sus
propias vidas cognitivas. Ser un lector experto no te convierte en un experto
en lectura. Por eso existe una ciencia de la lectura: comprender esta compleja
habilidad a niveles que la intuición no puede penetrar fácilmente”.
Leer es
un privilegio. Una facultad que adquirimos por instrucción.
Durante
milenios, sí, milenios, más de 8,000 años (y todavía para vastas regiones del
mundo), fue el privilegio de una minoría.
Una
antigua estatua egipcia del siglo XIV a.C. muestra a Amenhotep, hijo de Hapu,
un escriba egipcio eminente, leyendo un rollo de papiro parcialmente abierto.
La
posición de escriba, quien tenía la capacidad de leer y escribir, era exclusiva
para una minoría.
Un poema
egipción del 1,300 a.C., recomienda:
“¡Sé un
escriba! ¡Graba esto en tu corazón
para que
tu nombre perdure como el de ellos!
El
pergamino es mejor que la piedra tallada.
Murió un
hombre, y su cuerpo es polvo,
y su
pueblo desapareció de la tierra.
Es un
libro el que hace que se lo recuerde
en boca
del hablante que lo lee.”

Amenhotep, escriba egipcio, leyendo un papiro
¿Por qué convertirnos en lectores eficientes importa?
No hay
ningún otro medio de adquisición de información capaz de cambiar nuestro
cerebro, parecido a la lectura.
La
lectura crea estructuras subcorticales y circuitos de descodificación y
comprensión que diferencian el cerebro de los que leen de manera eficiente de
aquellos que son analfabetos funcionales y, más todavía, de los analfabetos
totales.
La
lectura cambia el cerebro.
Eso
significa que nuestro cerebro tiene maneras de descodificar, entender,
relacionar y apropiarse de la información de cara a su aplicación, distintas y
superiores a las de quienes carecen de esas estructuras.
No son
innatas. Son creadas.
Las
creamos en el proceso de adquisición de las competencias lectoras y en su
profundización mediante el ejercicio de esa competencia.
Ese
cambio en el cerebro, la construcción de esas estructuras subcorticales es
fundamental para convertirnos en ciudadanos competentes del siglo XXI, para
incorporarnos con posibilidades de éxito a la civilización.
Las
personas desprovistas de ellas quedarán para tareas de escasa remuneración y
complejidad, a merced de otros, manejadas, instrumentalizadas, ineptas para
independizarse mentalmente de sus manipuladores, subordinadas de por vida. Ya
conocemos a muchas así. Y el aumento de este tipo de discapacitado social es
una afrenta a cada persona que entienda que nadie merece que se le condene a
esa condición.
¿Qué indicadores existen sobre competencias lectoras?
El mayor
activo de cada individuo, de cada sociedad y cada país es el cerebro.
Si entendemos lo anterior, procede alarmarnos por no solo el descuido, sino la agresión en
perjuicio de ese órgano vital.
En un
estudio publicado conjuntamente por el Banco Mundial y UNICEF en el 2022, en
América Latina el 80% (8 de cada 10 niños) de los alumnos de sexto grado
encuentran en una condición de pobreza de aprendizaje y son incapaces de leer y
comprender un texto simple y no alcanzan el nivel mínimo de comprensión lectora
al finalizar la educación primaria.
Son, en
los hechos, analfabetos.
Sus
cerebros no tienen construidas las estructuras subcorticales que se generan por
el aprendizaje de la lectoescritura.
Un
estudio publicado por el Instituto de Estadísticas de la UNESCO informa que 6
de cada 10 (60%) adolescentes de América Latina y el Caribe no alcanzan los
niveles de suficiencia requerida en capacidad lectora para el momento en que
concluyen la educación secundaria.
Y esa
masa va, con sus carencias e insuficiencias, a las aulas universitarias. ¿Y qué
hacen nuestras universidades para compensar, suplir y reparar esas
insuficiencias? ¿Qué programas aplican
para desarrollarles competencias lectoras eficientes a esa masa de estudiantes
que arriba con esa deficiencia, año tras año tras año?
En los
Estados Unidos el asunto no va mejor. David A. Sousa escribe en su libro How
the Brain Learns to Read que: “La Evaluación Nacional del Progreso
Educativo informa que casi dos tercios de los estudiantes de cuarto grado de
familias con bajos ingresos no alcanzan el nivel de lectura competente. (…) Una
cosa parece cierta: los estudiantes que no leen bien en sus primeros años
siguen siéndolos en sus años posteriores”.
“Ya sea
que estén en casa o en la escuela, la mayoría de los adolescentes
estadounidenses (…) no realizan mucha lectura independiente voluntaria”, señala
Natalie Wexler en su libro Beyond the Science of Reading, de reciente
publicación. Y nos recuerda: “Leer por placer, especialmente desde la
primera infancia, se asocia con un mejor rendimiento en pruebas cognitivas, un
mayor rendimiento académico y una mejor salud mental”.
¿Por qué
se condena al analfabetismo funcional y la condición de tarados incompetentes a
tantas personas, cuando el mayor activo de una nación es el cerebro de cada uno
de sus ciudadanos? ¿No entendemos que seremos todos víctimas de esa locura,
porque son el eslabón más débil de todo, toman decisiones y las consecuencias
de esas decisiones a todos nos salpican?
¿Cuáles son las diez principales competencias lectoras?
En https://acento.com.do/ publicamos el 22 de diciembre del 2024 un
artículo sobre cuáles son las competencias lectoras eficientes y cómo saber si
uno las posee (https://acento.com.do/cultura/cuales-son-las-competencias-lectoras-eficientes-y-como-saber-si-las-poseo-9437304.html), Es
importante entenderlas.
Suele
acontecer de que nunca reparamos en que requerimos competencias lectoras. Creer
que la descodificación elemental que nos enseñan en el nivel de alfabetización
es todo lo que necesitamos aprender sobre lectura nos conduce a las fronteras
del analfabetismo funcional.
1.
Define propósito, meta y grado de información a
adquirir
2.
Capaz de modular a distintos ritmos la velocidad
lectora
3.
Puede incluir 4 o más palabras por fijación
4.
Sabe cómo activar el fondo de conocimiento pasivo
5.
Convierte automáticamente palabras y frases en
imágenes
6.
Sintetiza y estructura la información en un mapa
mental
7.
Hace prelectura y codifica la información en
colores
8.
Codifica en imágenes y sabe superar la Curva de
Olvido
9.
Sabe convertir la información en conocimiento
10. Sabe
detectar la estrategia, agenda y propósito del autor
Un lector eficiente posee una estrategia para trabajar un libro, extraer la información, transferirla de la página al cerebro y luego, en base a ella, construir conocimiento, habilidades y competencias.
Aprendemos
para pensar de manera más eficiente, evaluar los pros y contras de las
distintas opciones, aplicar distintos enfoques, no solo el analítico-lógico,
sino también el sistémico y el creativo-lateral para tomar mejores decisiones y
gestionar mejor nuestras vidas y carreras.
Y
aportar, contribuir y dejar un legado. Ser un lector eficiente nos habilita
para tener posibilidades de éxito en el siglo XXI.
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