A 70 AÑOS DEL SECUESTRO DE GALINDEZ Y SU DESAPARICIÓN. ¿POR QUÉ LO SECUESTRARON Y TRASLADARON AL PAÍS?
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Jesús de Galindez y el lehendakari Aguirre en la inauguración del Centro Vasco en Caracas, 1950 |
Por Aquiles Julián
Hace este año 2026 siete décadas, 70 años, en que un equipo de élite de la CIA, con autorización del ejecutivo de esa nación, secuestró y trasladó a República Dominicana para que Trujillo lo desapareciera, al escritor, abogado y activista español Jesús de Galíndez, representante del Partido Nacionalista Vasco, PNV, en los Estados Unidos y, simultáneamente, informante tanto del FBI como de la CIA.
¿Qué
llevó a esa decisión de las más altas instancias de poder en los Estados
Unidos? Una razón poderosa: Jesús de Galíndez representaba un serio peligro a
los objetivos militares geoestratégicos de esos años que buscaban el
establecimiento de bases militares en España y la restauración de las
relaciones políticas, comerciales y, sobre todo, militares entre los Estados
Unidos y la España franquista.
Desde
1945 y, sobre todo, desde que se proclamó la Doctrina Truman, el 12 de
marzo de 1947, cuyo propósito expreso fue contener la expansión del comunismo y
enfrentar la influencia de la Unión Soviética, los militares norteamericanos
presionaron por levantar las sanciones a España, excluida de la ONU y otros
organismos y del Plan Marshall, a cambio de que Franco les permitiera a los
norteamericanos instalar bases militares en territorio español.
Harry Truman enuncia la Doctrina Truman en 1847
La
Doctrina Truman sentó las bases tanto para el Plan Marshall, como para la formación
de la OTAN. De ambos organismos España fue aislada.
Ni
Roosevelt ni Truman, su vicepresidente, y luego sucesor, simpatizaban con
Franco. Por el contrario, tenían un vivo sentimiento de rechazo por los
vínculos de Franco con los nazis y los fascistas. Pero los militares
norteamericanos habían reestructurado sus prioridades y definido a la URSS
estalinista como el nuevo enemigo.
La URSS
había sido aliada de Hitler. Stalin brindó por la salud del Führer. De hecho, y
aunque ese dato se omite y olvida, fueron la URSS y la Alemania nazi
simultáneamente, las que iniciaron la Segunda Guerra Mundial al invadir
Polonia. Alemania invadió Polonia el 1ro. de septiembre de 1939 y la Unión
Soviética hizo lo mismo el 17 de septiembre y se dividieron el territorio
polaco. Luego Hitler atacó el 22 de junio de 1941 a su aliado Stalin y eso
provocó que Stalin cambiara de bando.
EL PROCESO POR LAS BASES
Franco se
movía entre dos grandes tendencias que dividían su régimen: la de los ultras pro-nazis resentidos por el rechazo norteamericano y reacios a un acuerdo con los Estados Unidos, y el de los pragmáticos
que, a la vista de la derrota de Alemania, aceptaban buscar un acomodo y
colaboración.
De ahí
que estableció cuatro grandes condicionamientos para autorizar las bases:
1.
Ayuda militar y rearme con equipos y suministros
2.
Asistencia económica tipo Plan Marshall
3.
Levantar la exclusión de España de la ONU y
reconocimiento político
4.
Soberanía nominal de España sobre las bases
militares.
Estados
Unidos aceptó y en 1949 hizo un primer intento fallido de que se levantaran las
sanciones a España. Galíndez y el PNV activaron para que esa exclusión se
mantuviera. Los Estados Unidos no pudieron alcanzar los dos tercios necesarios
para levantar la exclusión.
Entonces,
en 1950, Kim Il-Sung y los chinos iniciaron una ofensiva en Corea y los Estados
Unidos envió tropas para contener la expansión. Inició la guerra de Corea y la
presión de los militares sobre el ejecutivo fue mayor.
Ese mismo
año, 1950, Estados Unidos logró que la ONU aprobara la resolución 386 que
revocó la condena internacional al régimen franquista y puso fin al aislamiento
diplomático.
Ese
proceso aceleró las negociaciones.
A partir
de la visita el 16 de julio de 1951 del Almirante Forrest Sherman, jefe de
operaciones navales de EE.UU. a España, Galíndez advierte a Aguirre, el
presidente del PNV, sobre el cambio de política norteamericana frente a Franco
y recomienda reevaluar la colaboración
con esa política por parte de los vascos: “Yo sigo creyendo que todo cambió
a partir de la visita del almirante y la política anterior es agua pasada”.
Esa
opinión de Galíndez, contraria a mantener en favor de la CIA el aparato vasco
de inteligencia, fue del conocimiento de La Compañía, porque la CIA controlaba
su correspondencia.
Entonces
sucedió lo inesperado: los republicanos se imponen en las elecciones de 1952 y
la dupla Dwight Einsehower, Ike, como presidente, y Richard M. Nixon, como
vicepresidente, ganan las elecciones. Los arquitectos mayores de esa victoria
fueron los hermanos John Foster Dulles, que asumiría como Secretario de Estado
del nuevo gobierno, y Allen Dulles, quien pasaría a dirigir la CIA, de la que
era entonces Subdirector de Planes desde 1951.
El
triunfo de Eisenhower fue tan arrollador, que Galíndez, en un informe al
presidente del PNV, lo inicia con una palabra elocuente: “¡Catástrofe!”,
y escribe: “Jamás pensé que la victoria de Eisenhower fuera de tal magnitud.
Fui a Times Square a esperar los resultados y a las 11 yo me retiré convencido
de que nada había que hacer, pero aun así y todo en ese momento no sospeché la
paliza. Todavía es demasiado pronto para hacer comentarios fundados. Pero tengo
muchísimo miedo”.
Es obvio
que ese “muchísimo miedo” no era a Trujillo. Y, de nuevo, Galíndez no
imaginaba que su correspondencia era leída por sus empleadores.
EL DESBORDE DE LAS “OPERACIONES ENCUBIERTAS”
Los
Dulles convencieron, con la ayuda de Nixon, a Eisenhower del valor de las
operaciones encubiertas.
El nuevo
gobierno, que asumió en 1953, empezó una política aventurera en ese sentido.
A meses
de estar en la dirección del gobierno norteamericano, los Dulles obtienen la
aprobación de Ike Eisenhower para derrocar al primer ministro de Irán, el nacionalista
y anticomunista Mohammad Mossadegh, El 19 de agosto de 1953, mediante la Operación
Ajax. En la revuelta contra Mossadegh hubo un oscuro personaje que era
parte de la turba que vociferaba contra el gobernante derrocado: el ayatollah Ruhollah Jomeini.
Ese mismo
año, 1953, eufóricos por el “triunfo” en Irán (que nos condujo al actual
conflicto en el 2026), proponen a Eisenhower otra aventura para satisfacer los
intereses de su cliente la United Fruit, la “Mamita Yunai” de Miguel Ángel
Asturias: descabezar el régimen de Guatemala encabezado por el coronel Jacobo
Arbenz, un presidente nacionalista y anticomunista. Eisenhower ordena a la CIA tumbar
a Arbenz y Dulles monta la Operación PBSUCCES que logra hacer renunciar
a Arbenz el 27 de junio de 1954. Aquel evento llenó de sangre a Centroamérica
por décadas y todavía mantiene a Guatemala inestable, más de 70 años después.
En 1953
también el gobierno de Eisenhower logra el anhelado acuerdo con la dictadura de
Franco para establecer bases militares en España.
Aristóteles Onassis con sus hijos en Arabia Saudita
MATAR A ONASSIS Y ELIMINAR A GALÍNDEZ
En 1954,
embriagados por sus éxitos, Allen Dulles viola la Ley de Seguridad Nacional promulgada
y firmada por Harry Truman el 26 de julio de 1947 que constituyó la Agencia
Central de Inteligencia, CIA. La nueva
organización de inteligencia norteamericana, la CIA, tenía como área de competencia el ámbito
internacional y le estaba prohibido operar dentro de los Estados Unidos, responsabilidad
del FBI. Dulles decide crear organizaciones “independientes” financiadas por la
CIA bajo contrato, para hacer trabajo sucio interno.
Una de
esas organizaciones se constituyó en 1954 para romper el Acuerdo de Yeda
del 20 de enero de 1954, mediante el cual el magnate griego Aristóteles Onassis
acordó con el Rey Saud bin Abdulaziz de Arabia Saudita que todo el petróleo
saudí se transportaría en los tanqueros cisterna de Onassis mediante la
creación de una flota nacional de buques cisterna, la Saudi Arabian Maritime
Tanker Company.
El equipo
gobernante en EE.UU. consideró ese acuerdo lesivo a la seguridad nacional de
los Estados Unidos e iniciaron una política de acoso, amenazas, penalizaciones
y presiones tanto a Onassis, que era renuente a romper el ventajoso acuerdo,
como al rey Saud.
Eso
condujo a que se pidiera al exagente del FBI, Robert Maheu, constituir una
compañía, Robert Maheu & Associates, para provocar la anulación del
acuerdo. La compañía de Maheu de inmediato recibió un contrato de la CIA. Y por
igual, se le suplió de un operativo de alta consideración en la agencia: el exmiembro
del FBI y de la CIA John Joseph Frank.
Una de
las opciones contempladas era la eliminación física de Onassis. En la biografía
de Onassis escrita por Peter Evans, Nemesis, el autor señala que el
entonces vicepresidente Richard Nixon, al darle a Maheu un apretón de manos, le
dijo: “Y solo recuerda esto: si tienes que matar a ese bastardo, no lo hagas
en suelo americano”. Dos años después, esa solución se la aplicaron a
Galíndez.
En 1955
el rey Saud, ante las amenazas y la presión, revocó unilateralmente el acuerdo.
Onassis dejó de ser un peligro y la orden de neutralización extrema se canceló.
La compañía Robert Maheu y Asociados tuvo otro encargo, eliminar a Galíndez
fuera de suelo americano.
¿POR QUÉ URGÍA SECUESTRAR Y HACER DESAPARECER A GALÍNDEZ?
Aunque
era informante tanto del FBI como de la CIA y caliesaba a los sectores
liberales del exilio en los que se movía, incluyendo a los propios exiliados
dominicanos, Galíndez era pro vasco y antifranquista.
El escritor
español Manuel Vázquez Montalbán en su artículo publicado en El País,
España, el 22 de septiembre del 2002, “El héroe impuro”, expresa: “Galíndez
trabaja en la ONU para impedir la legalización de la España de Franco, al lado
de un exiliado notable que también ha pasado por Santo Domingo, el capitán
Durán, protagonista de Soldados de Porcelana, de Vázquez Rial, personaje tan
valorado por Alberti y por Jaime Gil de Biedma. La noche en que Galíndez tiene
que admitir la traición de los Estados Unidos de Eisenhower y los hermanos
Dulles, y el ingreso del franquismo a la ONU, escribe una de sus mejores
páginas, lo que tiene su mérito porque no era demasiado buen escritor.
Dejémoslo en correcto o suficiente”.
El asunto
es que, por vía de Galíndez, la CIA proporcionó cuantiosos fondos a las
organizaciones antifranquistas vascas, y Galíndez tenía esos registros.
De
hacerlos públicos, algo que en su despecho podía perfectamente ocurrir, por
sentirse traicionado por sus aliados, entorpecería e incluso podría hacer
saltar los acuerdos alcanzados y echar al traste las metas de las bases
militares, al reforzar en España al sector opuesto a acuerdos con los
norteamericanos brindándoles munición.
Los
Dulles no podían permitirse eso.
En un artículo del periodista norteamericano Dew Pearson, con el título Dinero que llega fácil, en secreto se va. Para la CIA, el dinero no es problema. éste escribe:
“Uno de
los casos más extraños fue el de las enormes sumas de dinero que la CIA entregó
al profesor Jesús de Galíndez, de la Universidad de Columbia; este fue
secuestrado el 12 de marzo de 1956 cuando entraba en el metro de Nueva York y
nunca más se supo de él.
Por lo
general, su desaparición se ha atribuido al dictador Trujillo, de la República
Dominicana.
No cabe
duda de que el profesor Galíndez recibía pagos de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA), a pesar de que lideraba el movimiento de resistencia vasco
en América del Norte y del Sur, trabajando para derrocar al generalísimo Franco
en España.
La
política oficial del gobierno de los Estados Unidos —acertada o no— ha sido
apoyar a Franco. Contamos con bases navales y aéreas en España y hemos
invertido más de dos mil millones de dólares en su construcción y en el apoyo a
Franco. Sin embargo, la CIA gastó cerca de un millón de dólares en apoyar al
hombre que intentaba derrocar a Franco.”
He ahí el
problema.
¿Por qué
sacarlo de los Estados Unidos? Simple, la CIA y los Dulles tenían una
confrontación con John Edgar Hoover, el poderoso jefe del FBI, que buscó
siempre que la CIA estuviera bajo el control de su agencia.
Si
Galíndez moría en suelo norteamericano, ese hecho autorizaba al FBI a meter su
hocico en la investigación del caso y podría proveer a Hoover de munición para
justificar que la CIA se pusiera bajo su control, algo que Allen Dulles no iba
a aceptar.
Ahora
bien, el FBI no tenía juridicción fuera de los Estados Unidos. Ese era el
territorio asignado a la CIA. Y Galíndez no era ciudadano norteamericano.
Iñaki
Egaña, en su artículo “Galíndez 50 años de su desaparición” escribió: “no
es de extrañar que la desaparición de Galíndez tuviera en una empresa de ex
agentes que trabajaban para la CIA la gestación del crimen (Robert Maheu). La
misma empresa que luego fue contratada para asesinar a Fidel Castro y que se
vio involucrada más tarde en el Watergate. Poco se ha hablado de ello”.
Precisamente,
por el éxito alcanzado en el secuestro y desaparición de Galíndez, cargándole
todo a Trujillo: secuestro, traslado y desaparición, para lo que Maheu logró
reclutar al jefe de inteligencia de Trujillo, el coronel Arturo Espaillat,
alias Navajita, Maheu logró que le asignaran, el encargo de contratar matones de la mafia
para eliminar a Castro, en la Operación ZRRIFLE. Navajita, jefe del
Servicio de Inteligencia Militar, SIM, de Trujillo, traicionó a su jefe al ayudar
a plantar evidencias incriminatorias que mostraran la implicación de Trujillo
en el plagio, incluyendo el envío de agentes como la agente del SIM Gloria
Viera y su amante, el exiliado republicano español Jesús Martínez Jara, alias El
Cojo, quienes se pasearon por México antes de llegar a New York y ennoviar a
Viera con Galíndez (si hubiesen querido matarlo, Viera o El Cojo lo habrían
hecho sin dificultad). El asunto es que los vieran, los reconocieran y lo
vincularan al aparato de operaciones sucias del tirano.
La
periodista norteamericana Lisa Pease en un libro documentado: A lie too big
to fail (Una mentira demasiado grande para fracasar), sostiene la
tesis de que a Robert Maheu por igual le dieron otro proyecto que ejecutó con
éxito: el asesinato el 5 de junio de 1968 del candidato presidencial del
Partido Demócrata Robert Kennedy, exfiscal general y hermano del asesinado
presidente John F. Kennedy. Y sus
últimas andanzas conocidas fueron con el escándalo de Watergate.
Un último
dato que no es para nada casualidad: el día del secuestro de Galíndez, 12 de
marzo de 1956, coincide con la fecha en que se proclamó la Doctrina Truman, 12
de marzo de 1947. Fue una celebración de la misma.
Si
después de todo lo expuesto usted todavía repite el bulo divulgado por la CIA a
través de la revista Life en 1957, atribuyendo el secuestro a un pique de
Trujillo por la tesis que Galíndez escribía y otras candideces por el estilo,
es su derecho. Veremos otros datos que refuerzan el hecho de que fue una
decisión del gobierno norteamericano y sus principales ejecutivos de entonces,
para neutralizar un peligro potencial que podía echar por tierra los acuerdos
de bases militares logrados por Estados Unidos con Franco en 1953.
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