CINCO AÑOS DESPUÉS DE TRUJILLO, UNA REVISIÓN DE ANTOLIANO PERALTA ROMERO SOBRE EL LUSTRO MÁS CONVULSO DE NUESTRA HISTORIA
Por Aquiles Julián
La salida
pública del libro Después de Trujillo. Un lustro convulso 1961-1966,
escrito por el abogado, catedrático y ensayista Antoliano Peralta Romero,
actual ministro de Justicia de la República Dominicana, es una oportuna y
necesaria ocasión para que revisemos los acontecimientos que sacudieron al
país, lo ensangrentaron, lo dividieron y facilitaron el regreso de los trajes
blancos, en 1966, como narró en un cuento magistral Miguel Alfonseca.
Dicen que
la historia la cuentan los vencedores. No es así. En República Dominicana
suelen contarla e imponerla los vencidos y, sobre todos, los hijos y nietos que
buscan apartar los reflectores de las inconductas de sus padres y abuelos. La
historia dominicana es por ello, en buena medida, una mezcla de silencios,
distorsiones, ocultamientos y verdades convenientes.
| Dr. Antoliano Peralta Romero |
De ahí que urge esclarecer y exponer los reales hechos y responsabilidades.
La
generación que dominó la segunda mitad del siglo XX hace mutis. Noten esto: en
el país no se escriben memorias, y las biografías suelen ser hagiografías, solo
faltan el aura y la previsible canonización.
Y cuando
alguna se escribe con pretensiones de memorias no pasan de ser un ejercicio de
autocensura y un monumento a la omertá como cualquier memoria de un cortesano
cualquiera.
Aquí todo
el mundo, desde Zacarías de la Cruz hasta Chinino Lluberes, se muere con sus
secretos bien guardados, esperando la absolución que proviene del olvido y la
desmemoria.
Piensen
esto: los que ocultaron el cuerpo de Galíndez o los cuerpos de los asesinados
en Hacienda María siguieron ostentando sus rangos y viviendo sus vidas en
sosiego y sin susto alguno en el país. Y no dudo que saludándose con los deudos
y hasta asistiendo a las misas de recordación, siguiendo el ejemplo de su amo:
Trujillo solía mandar coronas al velatorio de algunas de sus víctimas.
Lo mismo
ocurrió con los que ejecutaron a Manolo Tavárez y a los guerrilleros de Las
Manaclas.
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| Miguel Guerrero, periodista e historiador, fue el presentador de la obra. |
La
impunidad es un deporte nacional.
Estamos
llenos de páginas en blanco, tantas que asustan del número que alcanzan.
¿No será
tiempo ya de que ciertas verdades empiecen a emerger del silencio obligado a
que han sido forzadas?
Eso es lo
que este libro permite: echar una ojeada a tiempos complejos, violentos y
controversiales, que nos permitan revisar con ojos críticos lo que sucedió y
las responsabilidades que cada personaje asumió.
El lustro previo al lustro historiado
| Jesús de Galíndez |
El autor
inicia con los antecedentes que precedieron al ajusticiamiento del tirano
Rafael L. Trujillo. Y esos antecedentes parten de un hecho: el secuestro y
desaparición del representante del Partido Nacionalista Vasco en el exilio y
escritor Jesús de Galíndez.
Un hecho
interesante, sobre el que pienso abundar en una charla próxima en el Museo de
Historia y Geografía, sobre los verdaderos responsables del secuestro del
delegado vasco y la verdadera causa del mismo, es que en el país se repitió y
validó el relato adulterado y parcial que los reales responsables del secuestro
hicieron circular y difundir oportunamente a través de uno de los medios
favoritos de la Operación Mockingbird: la revista Life.
El
periodista Carl Bernstein, que cobró fama mundial con la investigación de
Watergate, expuso en la revista Rolling
Stone cómo el imperio mediático de Henry Luce (Time y Life) fue
instrumentalizado por la CIA y colaboró activamente para el “Mighty Wurlitzer”
(el mecanismo de manipulación mediática de la CIA). Luce era íntimo de Allen
Dulles.
| De izquierda a derecha, Henry Luce, Allen Dulles, Clare Boothe Luce y Billie Cassady |
Life creó y difundió la versión parcializada y conveniente que puso sobre Trujillo todos los reflectores del plagio de Galíndez y ocultó la participación y responsabilidad de la CIA en el secuestro. La versión de Life se amplificó como la única verdad, siendo una verdad parcial y que encubre a los reales secuestradores y sus motivos: los que ejecutaron el secuestro, transportaron a Galíndez a República Dominicana y se lo entregaron a Trujillo para su suplicio y desaparición. Sobre ese tema he escrito y señalado responsabilidades.
Ahora
bien, sin dudas, la desaparición de Galíndez, la cadena de crímenes, tanto en
los Estados Unidos (ejecutada por la CIA),
como en República Dominicana (ejecutada por el SIM), que se derivaron de
aquella acción que el mismo Balaguer, que participó en el encubrimiento y mandó
a quemar el expediente y desaparecerlo en 1961, consideró errónea, fue el
inicio del 30 de mayo.
Félix
Wenceslao (Buchilay) y Minerva Bernardino, los esbirros de Trujillo que lo
convencieron de permitirles vengar la muerte de su hermano Luis Bernardino,
asesinando a Octavio de la Maza (Tavito), coronel de la aviación y protegido de
Ramfis Trujillo, nunca imaginaron que con su crimen iban a provocar el
ajusticiamiento de su protector unos años después.
A partir
de los acontecimientos de ese lustro previo (el secuestro y desaparición de
Galíndez ocurre en 1956) y de la esperanza que despertó la guerrilla de Fidel
Castro Ruz en Cuba contra la dictadura de Batista, se fueron tejiendo
condiciones que llevaron a un ambiente de resistencia y descontento.
Tras el
fracaso de la expedición del 14 de junio de 1959, la mayor expresión de ese
descontento fue la formación del movimiento revolucionario 14 de Junio en que
participan jóvenes de familias de acendrado trujillismo, hijos de connotados
personeros del régimen, que van a dar con sus huesos a la cárcel y a los
centros de tortura del 9 y la 40.
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| Antoliano Peralta, autor del libro, y Miguel Reyes Sánchez, presidente de la Academia Dominicana de Historia y diplomático. |
La
admiración a Fidel Castro y su hazaña contra Batista fue tal que la
organización en que participaba el héroe Ángel Severo Cabral se llamó Frente
Cívico Revolucionario, FCR, por las iniciales del nombre del líder guerrillero
cubano. Y ese Frente Cívico Revolucionario, fue el origen luego de la Unión
Cívica Nacional.
Y
sumémosle la importación por la dictadura del MPD en 1960, el espantajo local
para asustar a los norteamericanos sobre una potencial segunda Cuba.
En medio
de ese contexto, distintas formaciones decididas a eliminar a Trujillo y su
dictadura coincidieron y se aliaron hasta lograr su objetivo: ajusticiar al
tirano.
De hecho,
esa fue la única acción patriótica que logró su propósito en todo el siglo XX,
pese a tantos intentos fallidos que mancharon con sangre de patriotas nuestro
suelo.
Ese
mérito lo tiene la gesta del 30 de mayo. Todos nuestros avances comienzan con
ella y se derivan de ella.
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Juan Daniel Balcácer, historiador y autor del prólogo del libro
El 30 de mayo
Si en
algo se han empecinado los trujillistas, hoy organizados y legitimados por el
partido del hijo de Angelita I, Ramfito, es en buscar desnaturalizar, ensuciar,
desinformar y deformar la gesta más importante de todo el siglo XX en República
Dominicana: el ajusticiamiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina,
alias Chapita.
Se han
inventado de todo. Desde que el ajusticiamiento fue “un montaje” y que Trujillo
fue sacado del país para España y allá vivió oculto, un disparate que el
analfabetismo funcional y la incompetencia para pensar hacen repetir a algunos
(y no se sorprenda del tipo de persona que usted espera que tengan juicio y
raciocinio y salten con ese bulo), hasta de las calumnias más soeces en contra
de la memoria y la reputación de los héroes y sus familias.
Pero si
hoy puedo escribir y publicar esto, es por aquella sangre, aquel sacrificio,
aquel martirio. Eso por lo menos a mí, no se me olvida.
Ese hecho
es el capítulo dos del libro Después de Trujillo.
Y debe
ser leído y comprendido con los acontecimientos que derivaron de inmediato del
ajusticiamiento: el interregno que va desde el 30 de mayo de 1961 al 18 de
noviembre del mismo año, fecha de la caída final de la tiranía y la salida de
los Trujillo y parte de sus esbirros, del país.
Parte, no
todos, tampoco la mayoría, aclaro.
Un hecho
no suficientemente esclarecido, controversial y merecedor de una revisión es la
negociación que dio origen al permiso para entrar al país de la delegación del
Partido Revolucionario Dominicano, PRD, con la llegada de Ángel Miolán, Nicolás
Silfa y Ramón, Mon, Castillo, el 5 de julio de 1961, a un mes prácticamente del
ajusticiamiento de Trujillo y en plena cacería de involucrados por los aparatos
de represión de la tiranía.
Que hubo
negociación, la hubo.
No es un
hecho menor que el mentor y asesor civil de Ramfis, Emilio Rodríguez Demorizi,
uno de los dos civiles de mayor influencia en él junto a José Ángel Saviñón que
era el otro, fuera a recibir en representación de Ramfis y por orden del
heredero del tirano, a la delegación del PRD al Aeropuerto Internacional de
Punta Caucedo.
Y que con
autorización de Ramfis se le permitiera al PRD alquilar un local frente al
parque Colón, entonces el corazón de la ciudad capital.
¿Qué
objetivo tenía Ramfis Trujillo al importar al PRD? ¿No sería crear una fuerza de
signo opuesto a las fuerzas que habían eliminado a Trujillo y se le oponían, y que fuera contrapeso a la entonces popular,
arrolladora y creciente Unión Cívica Nacional, en la que se agrupaban las fuerzas
que produjeron el 30 de mayo?
La operación Luz Verde
Creo que
solo el presentador del libro, el periodista e historiador Miguel Guerrero,
cuyos libros son, junto a los de Bernardo Vega, fundamentales para el
conocimiento de esos años, ha sido el único que ha arrojado un poco de luz
sobre el montaje que Ramfis Trujillo urdió para “engañar” a los norteamericanos
y forzarlos a levantar las sanciones y devolver los millones de dólares
retenidos: la Operación Luz Verde.
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| Joaquín Balaguer, figura clave en ese período, dentro y fuera del gobierno. |
Sin
entender ese montaje, el sangriento plan de exterminar a unos 3,000
“desafectos” (entre ellos asesinar al presidente títere de entonces, el Dr.
Joaquín Balaguer) haciendo que aquel hecho se le cargara a sus tíos Negro y
Petán Trujillo, que en el plan diseñado habrían de dar un golpe de Estado a
Balaguer el 18 de noviembre, y quienes participaron en la reunión de mandos que
se realizó en la Base Aérea de San Isidro convocada por el general Fernando A.
Sánchez hijo, alias Tunti, por orden de Ramfis, con los responsables regionales
del SIM y los oficiales militares de
confianza de Ramfis, ¿cómo podríamos entender los acontecimientos del 18 y 19
de noviembre de 1961 y la salida del país de la familia Trujillo?
Ese plan
macabro, que solo el error de Ramfis en no conversar y poner al tanto al
general Rodríguez Echavarría aquel sábado 18 de noviembre, impidió que se
ejecutara, está en el origen de las acciones que llevaron al levantamiento del
general Rodríguez Echavarría en la Base Aérea de Santiago, el bombardeo de la
Base Aérea de San Isidro y la salida de Petán y Negro Trujillo y demás
parientes cercanos del tirano, así como algunos de sus más señeros esbirros,
del país.
Vamos a
seguir anotando algunas ideas sobre aquel lustro y el examen del mismo que hace
el autor, Antoliano Peralta Romero, para estimular un intercambio de opiniones
y un mayor conocimiento sobre los hechos de aquellos años.
De
entrada, celebro este libro, su intención y sus aportes.
Y repito,
en estos tiempos, en que las generaciones que dominaron la segunda mitad del
siglo XX dominicano, de 1950 al 2000, desaparece de escena, hay que propiciar,
con los que todavía viven y están lúcidos, que destraben su voz y se atrevan a
hablar y a contar su versión de los hechos.
Hay que
empezar a llenar tantas páginas en blanco, porque no solo el doctor Balaguer tiene
las suyas (más de una). Hay demasiadas. Y aunque se caiga más de un santo, los
altares merecen remenearse. Gracias a Antoliano Peralta Romero, por iniciar el
remenión.
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