BALAGUER SOBRE GALÍNDEZ Y OTRAS MENTIRAS INTERESADAS


Balaguer, Trujillo y Arturo Espaillat en El Vaticano. 
John Joseph Frank y Horace Schmahl, operativos de campo de la CIA para trabajos sucios en suelo norteamericano, los acompañaron en calidad de espalderos.




Por Aquiles Julián

 

                                   

                                                                     


“Amicus Plato, sed magis amica veritas”

                                                                                               Aristóteles

 

Vamos a desmontar la historia del pique de Trujillo, inventado por Víctor Alicinio Peña Rivera y a mostrar la realidad en numeritos fríos de República Dominicana en 1956 para que la trujillofilia vergonzante, que vende al tirano como súperhombre, y  que cunde en nuestro país, a veces disfrazada de antitrujillismo,  no nos siga confundiendo. Y además, de paso, revisar lo que escribe, nunca testimonio, por cierto, uno que sí conoció de primera mano el caso Galíndez, pues conoció a los perpetradores del secuestro casi al mismo tiempo que Trujillo y su esbirro Aturo Espaillat, Navajita: Joaquín Balaguer.

La motivación del secuestro ha ido variando con el paso de los años. De la inicial: la tesis, se pasó a otra: un artículo de 1952 en la revista cubana Bohemia. Solo que los comportamientos dicen otra cosa. Y hay dos elementos que se afectan: la lógica y el sentido común.

La mayoría opina a la ligera, algo que es un vicio local: expresar juicios sin documentarse ni leer, hablar por boca de ganso. No han leído lo que Galíndez expresa en su tesis. Tampoco el artículo de Bohemia. Pero ambos textos están disponibles y asequibles, incluso en línea, así que, como diría El Piro: ¡Vamos a divertirnos!

 

Jesús de Galíndez Suárez

EXACTAMENTE: ¿QUÉ ESCRIBIÓ GALÍNDEZ EN LA REVISTA BOHEMIA?

 

El 20 de julio de 1952, en el #29 del año 44 de la revista Bohemia, Jesús de Galíndez publicó un artículo titulado: “La opereta bufa de trujillolandia”.

El artículo era una sátira de los grados de servilismo y desvergüenza en que los dominicanos caímos durante la tiranía, adulando al engolado generalete de pacotillas sin guerra conocida.

Ese artículo aparece recogido con otro título en la recopilación editada por la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, publicación del Archivo General de la Nación, volumen CXI: Jesús de Galíndez. Escritos desde Santo Domingo y Artículos contra el Régimen de Trujillo en el exterior, compilado por Constancio Cassá Bernaldo de Quiros, del 2010, impreso en Editora Búho, C. por A. y disponible su PDF en línea de manera gratuita.

En el libro, “La opereta bufa de trujillolandia” cambia su título al más moderado de: “Un reportaje sobre Santo Domingo”, en la página 101.

¿Qué escribe Galíndez en ese artículo? Algo que era de conocimiento público. Veamos. Hablando de las esposas del tirano, en particular de su segunda esposa, Galíndez escribe (Página 109): “La segunda esposa ya pertenecía a la buena sociedad, pero no satisfacía los ideales de belleza del nuevo presidente; quien para contraer matrimonio con la tercera, y al parecer definitiva, no vaciló en hacer modificar la Ley de Divorcio a fin de incluir una causa tan injusta como la de no tener un hijo a los cinco años de matrimonio. Bueno, esto del hijo obligó además a aprobar otra nueva ley poco después; porque Trujillo carecía de heredero varón, y quería legitimar como suyo el adulterino que su tercera esposa dio a luz poco antes de divorciarse de un cubano que rechazó su paternidad. Doña María de Trujillo firmó años después una columna periodística dominical, sumamente curiosa, con el título de “Meditaciones morales”.

Este hijo es el célebre “Ramfis”. No fue bautizado así, es apodo adquirido en la niñez y no precisamente por la influencia de la ópera Aída. A los nueve años fue designado general de Brigada, lo que por algún tiempo provocó el natural regocijo de todos. Allá cuando alcanzó los 14, el periódico nos comunicó debidamente que había decidido renunciar al generalato para comenzar la carrera de las armas desde los primeros pasos; en carta ejemplar dirigida a su “querido papá”, que fue reproducida junto con el Decreto Oficial en el que el presidente Trujillo, admitía la renuncia del general Trujillo, y las cartas de felicitación de cuantos secretarios de Estado, senadores y diputados tuvieron conocimiento del hecho a tiempo; todos se apresuraron a proclamar tal rasgo como modelo a imitar por la juventud dominicana”.

Eso es parte de las ridiculeces en que incurríamos y que Galíndez describe, las que acontecían en nuestro país con la complicidad activa de la sociedad dominicana que se prosternaba al tirano.

Ramfis Trujillo Martínez

¿Sabía Ramfis que su mamá quedó embarazada de él antes de estar casada con Trujillo? ¡Claro que sí! Ramfis nació el 5 de junio de 1929 y su madre y Trujillo contrajeron matrimonio el 29 de septiembre de 1935. Ramfis, por igual, sabía que antes Trujillo estuvo casado con Bienvenida Ricardo, sobre todo, que lo estaba cuando su mamá quedó embarazada. Igual, sabía que su padre no vivía con ellos. Él, Ramfis, vivía con su mamá. Y solo a partir de 1935 es que Trujillo los muda con él. ¿Creen a Ramfis tan tarado a los 6 años de edad como para no darse cuenta de eso? Lo otro que escribe Galíndez sobre la charada de sus rangos militares también Ramfis lo sabía. ¿Cómo es que eso lo iba a “traumatizar”?

La historieta del trauma de Ramfis y el pique de Trujillo se lo inventó Alicinio y la publicó en su libro: Trujillo. Historia oculta de un dictador (copyright de 1977). Alicinio no vivió esos hechos, porque no jugaba en esa liga para la época, 1952. Así que lo que cuenta no es un testimonio. Tampoco dice de dónde lo saca. Ah, pero muchos repiten la historieta, cuando la lógica indica que no cuadra.

 

Trujillo bailando con La Españolita

¿Y QUÉ FUE LO QUE ESCRIBIÓ EN SU TESIS “LA ERA DE TRUJILLO”?

 

Ahora pasemos a lo que Jesús de Galíndez escribió en su tesis de doctorado para la Universidad de Columbia, misma donde era docente (y de la que Dwigh Einsehower, era presidente hasta enero de 1953, por lo que fue un presidente de la Universidad de Columbia quien autorizó el secuestro y desaparición de su catedrático).

En la página 248 de la edición realizada por Editorial Letra Gráfica, Editora Cole, 1999, refiriéndose a Rafael L. Trujillo Martínez “Ramfis”, escribe Galíndez: “Hijo mayor de Trujillo, nació en el año 1929, cuando su madre estaba casada con un cubano que lo desconoció como hijo. Subsiguientemente Trujillo lo reconoció como tal; siendo todavía hijo adulterino y estando casado su padre con la segunda esposa, fue nombrado coronel del Ejército en 1933, a los cuatro años de edad; en 1935 se casó Trujillo con su madre, y Ramfis fue legitimado; en 1938 fue ascendido a general de brigada…”

Como se ve, Galíndez escribe que Ramfis era hijo de Trujillo, solo que adulterino. También escribe que María Martínez, La Españolita, estaba “casada con un cubano”, lo que no es cierto: era amante, vivía en concubinato, pero lo conocido en la época era que La Españolita vivía de “amigos”. Galíndez escribió esa parte de oídas, confidencias de exiliados, porque no residía en el país para esos años. De ahí proviene su yerro.

Ramfis, por otro lado, vivía en un mundo de excesos: drogas, alcohol, violaciones, orgías, abusos, crímenes, chismes malignos e hipocresía. Un mundo en que la maldad y el comentario falaz y dañino, la bajeza y carencia escrúpulos, eran la norma. Esa sí era una realidad trastornante, enfermiza. Sobre todo, cuando tuvo que exponerse a la realidad exterior y se dio cuenta de que fuera de la burbuja trujillista local no le iba nada bien. Expulsado de West Point y comprando a precios inflados una notoriedad que le envidiaba a excuñado                             Porfirio Rubirosa, su modelo de rol.

 

Allen Dulles

¿PODÍA DE VERDAD TRUJILLO “COMPRAR” LA LEALTAD DE AGENTES DE ÉLITE DE LA CIA Y EL FBI?

 

Otro argumento simpático por la simpleza mental que revela, es la de que Trujillo podía comprar la lealtad de agentes de élite de la CIA y el FBI de la categoría de John Joseph Frank, Horace W. Schmahl, Robert Maheu, Robert Emmett Johnson y otros por el estilo? Eso es un disparate fruto del trujillismo mental de quienes sostienen tal dislate.

Veamos los números y saque cada quien las consecuencias.

En 1956, para tomar el año del secuestro de Galíndez como referencia, la República Dominicana tenía una población entre 2,820,000 y 2,870,000 habitantes aproximadamente.

En comparación, los Estados Unidos tenía 168,900,000 habitantes. Ah, pero en la mente filotrujillista de algunos, un paisito con un 80% de analfabetos, rural y paupérrimo de 2,8 millones de personas podía mangonear a uno de 168,9 millones de gente, porque Trujillo era un matatán.

Pasemos a otros numeritos.

El PBI de República Dominicana en 1956 se sitúa en alrededor de RD$600 millones de pesos. Mientras, el PBI de los Estados Unidos en 1956 fue de US$449,353 millones de dólares, con un superávit de US$1,754 millones de dólares.

Una ligera diferencia ¿verdad?

El presupuesto nacional en 1956 de República Dominicana, promulgado el 30 de diciembre de 1955 mediante la Ley N° 4347 de Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos ascendió a RD$119,362,100.00 pesos dominicanos (equivalentes a dólares.

Mientras, el presupuesto de los Estados Unidos para 1956 fue de US$66,386 millones de dólares.

Ah, pero un generalísimo de hojalata con $119 millones de presupuesto, podía comprar y hacer cambiar de lealtad a espías rejugados de un país con un presupuesto de $66,386 millones. ¡Y aquí hay gente que se lo cree y jura y perjura que era así!

Un último dato, antes de pasar a Balaguer y lo que escribió del caso, el presupuesto probable de la CIA, que incluía el financiamiento oculto, los llamados presupuestos negros, según la Ley de la CIA de 1949 de Fondos No Comprobados, el camuflaje de presupuestos en otras agencias y el desvío de fondos del Plan Marshall (el 5% de los fondos del Plan Marshall, alrededor de 685 millones de dólares, fue retenido en secreto por la CIA), para ese año es casi seguro que superara los US$200 millones de dólares ¡casi el doble del presupuesto nacional para ese año! ¿Y así usted cree que Trujillo podía comprar la lealtad de los agentes que Allen Dulles tenía para hacer operaciones en territorio norteamericano, violando la ley que dio origen a la CIA y que se lo prohibía explícitamente y eran de su total confianza?

Realmente, sorprende el grado de candidez en que incurren personas a las que uno juzgaría con mayor sensatez.

 

Balaguer siendo funcionario de la tiranía 

LAS MENTIRAS DE BALAGUER SOBRE LA DESAPARICIÓN DE GALÍNDEZ

 

Si alguien tenía mucho que decir sobre el secuestro y desaparición de Galíndez era Joaquín Balaguer.

Solo que cualquier cosa que dijera lo incriminaba.

Balaguer conoció a los secuestradores de Galíndez, tanto a John Joseph Frank como a Horace Schmahl, ya que viajó con ellos en el trasatlántico francés Antille a España, tanto de ida como de vuelta.

Luego, los vio junto a Robert Maheu en distintos momentos en el Palacio Nacional. Y por igual, como Secretario de Estado de la Presidencia, fue parte activa en el dispositivo de encubrimiento y desinformación que se montó para limpiar la responsabilidad de Trujillo en el plagio del delegado vasco e informante del FBI.

En su libro: “La palabra encadenada”, primera edición de 1975, impreso en México, sin editorial, Balaguer hizo figurar unos capítulos que “forman parte de una obra que deberá permanecer inédita, y que solo se publicará veinte años después de la muerte de su autor, cuando ya la figura y la obra de Trujillo, madurada por el tiempo, empiecen a ser fríamente juzgadas por la Posteridad” (ya han pasado por cierto, más de esos 20 años y el libro sigue inédito y sin señales de que saldrá a la luz).

El último capítulo; “La mano del destino”, lo emplea Balaguer para amplificar la historieta de la CIA (claro, Balaguer publica este libro siendo presidente durante el período llamado de los 12 años. Balaguer no es historiador, tampoco intelectual independiente, honesto y comprometido con la verdad: es un político, su compromiso es con el poder, nunca con la verdad. No iba a contradecir la versión de la CIA y meterse en problemas ¿o lo creen insensato?).

En el libro desliza dos o tres mentiras. Veamos la primera: “Francisco Martínez Jara, alias El Cojo, quien participa materialmente en el secuestro de Galíndez…” (página 306). Se refiere al también conocido como Félix Hernández Márquez, tuerto de un ojo y cojo.

El Cojo y su amante, la puertoplateña Gloria Estebanía Viera, fueron empleados por Arturo Espaillat, Navajita, para incriminar a Trujillo. Igual hizo Navajita con el esbirro Félix W. Bernardino, alias Buchilai.

El 1ro. de marzo de 1956 El Cojo estaba en Miami. Allí le dijo a un amigo cubano, Orestes Portales, que tenía dinero del Generalísimo Trujillo para “eliminar a un profesor en Nueva York”. Ese mismo día, El Cojo recibió un telegrama de Ciudad Trujillo, que también el cubano vio y del que dio testimonio, que decía: “Deja la misión en suspenso. Regresa inmediatamente”. Ese mismo 1ro de marzo partió de Miami rumbo a la República Dominicana. Al bajar del avión fue detenido y luego asesinado. Es obvio que no pudo “participar materialmente en el secuestro de Galíndez”.

En el mismo párrafo, Balaguer se refiere a Gloria Estebanía Viera como “joven puertorriqueña”, pese a que era oriunda de Puerto Plata, señalando que fue “víctima de un accidente en la carretera entre Santiago y Puerto Plata, en agosto de 1956” (ibid.), con lo que perpetúa una falsedad sobre la nacionalidad de la agente de la inteligencia dominicana usada por Navajita para ennoviar a Galíndez.

Hay una persona que Balaguer señala como víctima y que nadie más menciona y de la que no he podido lograr ninguna referencia, por lo que ni avalo ni descarto el dato. Balaguer escribe: “Un amigo íntimo de Galíndez, el estudiante dominicano de leyes José M. Azevedo, quien colaboró en la publicación de la obra La Era de Trujillo, fue también otra de las víctimas”.

Otra mentira más: “El que contrató los servicios de Murphy para el secuestro de Jesús de Galíndez, fue el Coronel del Ejército Salvador Cobián,…” Falso. Murphy fue contactado inicialmente por Horace W. Schmahl, quien se lo presenta a John Joseph Frank. Y Frank lo recomienda como el piloto ideal a Arturo Espaillat.

Más mentiras: Galíndez fue “secuestrado en momentos en que bajaba a una de las estaciones del subway de New York”. ¿Ustedes imaginan secuestrar a alguien en medio del gentío que sale y entra en una estación del Metro newyorkino en una hora pico? Se sabe que Galíndez regresó a su apartamento, donde estaba su abrigo, su maletín y un periódico que había comprado de camino a la estación, según lo identificó la estudiante Evelyn Lang.

Un dato de interés que Balaguer aporta es que hubo un intento de Trujillo de deshacerse de Arturo Espaillat,  Navajita: “El 1° de noviembre de 1957, Trujillo dispuso intempestivamente su traslado a la ciudad de La Vega. Espaillat sabía perfectamente lo que significaba esa orden, e hizo cuando estuvo a su alcance para eludirla. Dada su estrecha amistad con el General Héctor B. Trujillo, a la sazón Presidente de la República, y el libre acceso que tenía a la casa de doña Julia Molina viuda de Trujillo, logró que la orden fuera temporalmente revocada. Pero hasta el día de la muerte de Trujillo, no estuvo seguro de su suerte…” (página 308).

Por último, aprovecha la oportunidad para incriminar al padre Oscar Robles Toledano, acusándolo veladamente de ser quien informó a Trujillo sobre el libro de Galíndez. Pero, aunque John Joseph Frank fue primero donde el sacerdote, con la información de que Galíndez escribía esa tesis sobre la tiranía, porque Robles Toledano era cónsul de la tiranía en New York, el cura no transmitió el dato. Entonces Frank se dirigió a Minerva Bernardino, quien sí vino presta a denunciar que Galíndez andaba en esos aprestos.

T0do eso lo sabe Balaguer, pero no escribe lo que sabe, sino que ventila viejos rencores y querellas.

Noten algo: Balaguer tuvo una posición más que especial para conocer de primera mano lo sucedido. Tenía una posición de poder. Conoció a los secuestradores. Fue parte del entramado de encubrimiento.

¿Menciona Balaguer el artículo de Bohemia, el cuento de la indignación de Ramfis y el pique de Trujillo, es decir, todo el cuento inventado por Alicinio y que aquí muchos cándidos repetidores se dedican a airear como si fuese verdad revelada? En modo alguno.

Tampoco, algo que vale la pena destacar, menciona rol alguno para Octavio de la Maza, Tavito, al que luego inculparon de la muerte de Murphy (por cierto, Balaguer recurre a amplificar una versión de la revista “Real” de octubre de 1957 en que aparece, según Balaguer, que a Murphy se le lanzó en alta mar, en aguas infestadas de tiburones. Páginas 307-308)

Eso desmonta el cuento, porque si alguien podía hablar y remitir a esa publicación en la revista Bohemia era Balaguer. Espero que los repetidores de la historieta de Alicinio abandonen ese cuento.

Tampoco hablaBalaguer de su implicación en el entramado de desinformación, falsas pistas y la madeja de mentiras que se urdió para infamar a Galíndez como ladrón de los fondos de la CIA para los vascos y de la campaña de falsos avistamientos en capitales de la órbita soviética, algo en lo que él tuvo parte activa.

Pero no se le puede pedir que declare contra sí mismo.

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